La Batalla Capital: el último tramo

Ya quedan pocos días para las elecciones en la ciudad de Buenos Aires y los candidatos van tomando la actitud para el último tramo: Mauricio Macri hace «la plancha», va primero y no necesita agitar las aguas; Jorge Telerman «rema» para distanciarse de Daniel Filmus y éste último se resigna al fracaso (a pesar de los encuestólogos oficiales). Sumergidos en estrategias electorales que muchas veces privilegian formas antes que contenidos, todos llevan adelante una campaña sucia, donde se sacan los «trapitos al sol» unos a otros… pero sin dar la cara.

Los medios de comunicación han fijado la agenda de temas que los candidatos «deben» tratar: seguridad, tránsito y transporte, salud, educación, higiene (basura) y desarrollo urbano (todo tipo de obra e intervención en el espacio público). Una de las paradojas de ello es que los problemas de seguridad resultan imposibles resolverlos desde el palacio municipal, pues no existe policía propia.

Los resultados que se perfilan van reduciendo el margen de maniobra al Gobierno nacional en vías a la elección de las candidaturas nacionales y provinciales. Respecto del presidenciable, se fortalece la decisión de que sea pingüina.  Cristina Kirchner -junto a su esposo- desea poner a prueba la posible fórmula y el 25 de mayo se presentará en un acto masivo con Julio Cobos, gobernador radical K de Mendoza

Si no ocurre ningún episodio eventual, Macri obtendrá más votos que el resto de los candidatos el 3 de junio, pero no le alcanzará para obtener la victoria definitiva, por lo que disputará con Telerman la segunda vuelta.

Néstor Kirchner podría (necesita) transformar un fracaso rotundo en una salida con honor, y así busca poder participar en la segunda vuelta-indirectamente- de la definición.

Veamos los escenarios. Si gana PRO, Buenos Aires queda en manos de la oposición-oposición, porque ocurre que la sociedad le asignó el rol de principal opositor a Macri; por eso florecen, una multiplicidad de cruzados antikirchneristas. Críticos de los 44 minutos del segundo tiempo, garrocheros capaces de hacer chocar la calesita, como gusta decir Jorge Asís.

Pero este opositor aparece representando lo absolutamente distinto a Kirchner, con un limitado prestigio en el interior del país. El expresa un proyecto nacional que encabezaría Ricardo López Murphy y que, en todas las encuestas, aparece muy abajo, por lo cual le permitiría a Cristina Kirchner decir: él o yo, tratando de darle a la antítesis el significado de aquel Braden o Perón. De hecho, cuando hace pocos días Néstor Kirchner buscó nacionalizar la campaña para apuntalar las posibilidades de su candidato, Daniel Filmus, advirtió: hay dos proyectos de país que van a confrontar en las urnas: los que quieren volver a la década del 90 y el que nos permita generar la alternativa que necesita el país.

Si gana Telerman, la cuestión es más complicada. El no representa otro sector -ni de gente ni de ideas- distinto que el de Kirchner, por lo que no le sirve para crear en la disputa nacional y bajo la persistente metodología confrontativa un blanco o negro, sino que tendría que darse un sutil juego de grises. Claro está que si Telerman decide apretar el acelerador de la crítica a Kirchner, a Macri se le enturbia el resultado. Incluso sin llegar, siquiera, en la virulencia, a la de su socia Elisa Carrió. También allí se ve la mano del Gobierno nacional, y la ficción del progresismo se demuele y se asiste a la dilucidación del melodrama del manoseo ético con boletas y atentados «truchos».
Decía Joaquín Morales Solá en la 33° Feria del Libro, que Kirchner es el presidente que menos esfuerzos hizo para conquistar a la Capital. Kirchner no la entiende a la Capital, no la quiere entender, y creo que ha resignado cualquier esfuerzo para entenderla. El sabe que, si hay un lugar en el que no son bien vistos sus modos confrontativos, es en la Capital, pero él insiste con ese método porque sabe que cae bien en otros sectores geográficos del país y, en especial, en el Conurbano.

De acuerdo a este análisis, podría el bastón presidencial (¿o la barita mágica?) tocar a Macri por su funcionalidad en el terreno nacional. Alguien en su ingenuidad podría decir ¿pero, no hay incompatibilidad ideológica? A lo cual un «burro viejo» como el que escribe le diría: ¡Vamos muchachos! De eso no hay más desde la época de los fenicios, como decía un «león herbívoro» que llego a General.

Cuentan que en una oportunidad, había concurrido un dirigente a Puerta de Hierro y en charla con Perón denunciaba como traidores a una serie de otros dirigentes. Su interlocutor, tomándose el tiempo que solo el discurso socarrón permite, le contestó: no es que los muchachos sean traidores, hoy son leales a uno y mañana a otro… es una lealtad intermitente.

Así es la dinámica de la política porteña. En cuatro años, aliados que compartían una plataforma electoral pueden convertirse en rivales, y adversarios opuestos por la ideología, las pertenencias políticas o hasta la vida misma pueden volverse amigos. No se advierte como un fenómeno exclusivamente local, aunque la dispersión de lealtades políticas tal vez sí pueda verse con mayor crudeza en la Capital. Recuérdese que Macri, Filmus y Telerman fueron funcionarios o apoyaron a Menem; que Filmus y Telerman eran compañeros en el gabinete de Aníbal Ibarra… y hoy están todos enfrentados.

Finalmente, merece un párrafo aparte la actitud que viene guardando la Iglesia, para ser más precisos, el cardenal Jorge Bergoglio frente a esta situación política donde lo mediático y las encuestas reemplazan a la realidad de los hombres y mujeres que conformamos esta Argentina. La función de la Iglesia y sus pastores no es hacer política -ni oficial ni de oposición- pero sí la de dejarnos para la reflexión a quienes «estamos en política» algunas cuestiones centrales: Las luchas internas, la ambición compulsiva y las componendas de poder absorben las instituciones, puntualizó el cardenal, agregando el poder nace de la confianza, no de la prepotencia, los excluidos ya no son «explotados» sino «sobrantes» y la injusta distribución de los bienes configura una situación de pecado social que clama al cielo. Pero ello merece otro artículo.

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