Ya nada es como ayer

Por Paulino Rodríguez

El presidente baja en las encuestas por primera vez de manera sostenida. La oposición aún no capitaliza, pero las balas empezaron a entrar en el poder de los Kirchner. El humor social empieza a mutar de a poco, creyendo que aún hay tiempo para que los cambios lleguen, de manera tal, que lo que lo enamoró puede volver a ser. Pero ya nada será como antes.

La política de pronto se tornó atractiva. Volvió a tener su relativo encanto. Las balas que antes no entraban, hoy se ciernen sobre el poder. Sobrevuelan ya viejos síntomas tradicionales del desgaste de la administración que afloran con mayor velocidad de la pensada y por tanto el camino electoral ya no será como hasta entonces. El caso Skanka y sus coletazos con los primeros despidos asociados a la corrupción, la crisis de Santa Cruz, los desatinos en el Indec y los dibujos de mal gusto, la “sensación de inseguridad” que nadie comparte y que lleva a la inacción en el tema de mayor preocupación de la sociedad, la crisis aerocomercial y los radares que no llegan, la crisis judicial y el sometimiento cada vez más explícito al poder político y la economía en enfriamiento, son los componentes de nuevas realidades. También la ebullición permanente, las negociaciones inflexibles y las confrontaciones recurrentes ya dejaron de sumar. Empiezan a excluir.

El poder no es impoluto. Kirchner tampoco. Los amigos empiezan a cometer los atropellos e impactan en la cúspide. Los errores de Alberto Fernández, los desatinos de Aníbal Fernández y los escándalos de corrupción en las adyacencias de Julio De Vido, podrían tomarse como un aire fresco, si es que la oposición explotara. Claro que allí radica el segundo problema de la argentina. “Nadie capitaliza”, repiten los encuestadores, que ya vislumbran un humor social no tan complacientes para con el gobierno. Es que el problema empieza a ser que montados sobre las denuncias y el creciente descontento (que igualmente no supera a los aún enamorados) construyan, sin un programa ni ideas, alternativas al país vigente. El riesgo es “el voto contra” y no “a favor de”. Lavagna no levanta, Carrió sigue en la denuncia y se olvidó de la construcción, Macri sueña con la ciudad y López Murphy no repunta como opción real de poder. Por tanto, esa atomización, a la que bien se podría sumar todo el arco de la eterna divida izquierda argentina, componen un escenario de enormes incertidumbres. Pero, en cualquiera de los casos, la política se tornó atractiva.

El gabinete se desintegra

El canciller, Jorge Taina, nunca imaginó que un andar errático en materia de política exterior lo conduciría a la vice-gobernación de Buenos Aires, pero probablemente así será. Cristina no pensó que definitivamente se alzaría con la candidatura a presidente, pero los límites del desgaste, la impulsan a ser. Alicia Kirchner nunca pensó en ser agredida en su ciudad, Río Gallegos, pero lo fue. Igualmente su revancha serán las urnas, cuando el 28 de octubre, triunfe en su provincia y sea la gobernadora con poder que Santa Cruz dejó de tener tras la salida de su hermano. Ginés González García no ideó irse del gobierno a un cargo de legislador porteño, pero el capricho de Alberto de construir un candidato propio para obstaculizar a Jorge Telerman en la ciudad, lo llevó allí. Filmus, el ministro mimado, dejará de serlo en diciembre, para recluirse en sus libros tras su paso por la contienda electoral capitalina. Felisa Miceli, en tanto, será candidata a Diputada Nacional en lista de la provincia de Buenos Aires.

Aníbal, tras el escándalo de Sergio Villordo, su apadrinado en Quilmes, también dejará el poder de ministro. Y Alberto, encontrará en el Senado el descanso pensado. Allí será el poder del elenco gubernamental el que se habrá oxigenado. Así piensa Cristina su mandato. Igualmente, las cartas no terminaron de barajarse y las sorpresas podrían llegar. Nada está dicho, menos en política y a 150 días de una elección. De todas formas, los cambios ya empiezan a vislumbrarse y afloran con la impronta de los límites que impone la realidad de las cosas. El tiempo de descuento empezó y el “status quo” imperante empieza a dar paso al próximo. Al que no conocemos y empezaremos a descifrar en el andar cotidiano de la nueva administración.

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