Editorial

En la década de los setenta la brecha entre los que más ganaban y los que menos ganaban era de 12 veces, es que en aquellos tiempos en nuestro país existía todavía el Estado de Bienestar, que privilegiaba el pleno empleo, la seguridad social, los servicios sanitarios para toda la población, la educación obligatoria y gratuita y otros tantos beneficios a los trabajadores que redundaban en una mejor calidad de vida para todos, en términos de aquella época lo que se evidenciaba era la JUSTICIA SOCIAL.

Pero a partir del año 76 el neoliberalismo más cruel ha dejado sus huellas profundas en la Argentina moderna, lo vemos todos los días, en los “bolsones” de pobreza, del conurbano bonaerense, en el déficit habitacional del gran Rosario, en la desnutrición infantil del noreste argentino, en el desempleo estructural, en la violencia organizada, en el creciente consumo de distintas drogas, en el aumento de la deserción escolar, en el desmantelamiento del aparato productivo de las pequeñas y medianas industrias de los cordones de las grandes ciudades, en la desarticulación del Estado Nacional, con un conjunto de privatizaciones que se entregaron a los poderes financieros transnacionales, bajo la consigna de “achicar el Estado para agrandar la Nación “.

Todo este proceso trajo como consecuencia una fragmentación social y política en la cual hoy estamos inmersos, según el INDEC las cifras del mes de mayo de este año indican que la diferencia en los ingresos entre el 10% que más gana y el 10% que menos gana es de 30 veces.

En la década pasada la diferencia de los ingresos, llegó a ser de 48 veces, mientras que en el primer trimestre del 2003 orilló las 56 veces, estos no son solamente números y estadísticas, esto refleja la terrible desigualdad e injusticia que existe todavía en nuestra Argentina, estos números reflejan hombres, mujeres y niños que están desamparados, marginados totalmente fuera del sistema social que lo debería proteger, en términos oficiales están debajo de la línea de la pobreza e indigencia, son supernumerarios.

La resolución de estos problemas pasan por la Política, por tomar decisiones sobre los recursos que tenemos y ponerlos en función de generar trabajo genuino, de generar emprendimientos productivos, de poner la economía en función del Bien Común, de recuperar el concepto de Justicia Social, de la convicción del destino universal de todos los bienes, que están al servicio de la gran familia de la humanidad.

Porque la Argentina hace 20 trimestres que crece sin parar a un promedio del 6 % al 8% con una importante recuperación de los sectores pequeños y medianos empresarios industriales, ganaderos, agrícolas, pero esto no alcanza, porque el crecimiento de la economía debe estar acompañado por una redistribución justa de los beneficios, porque esto se resuelve con trabajo para todos los ciudadanos de esta tierra, y para ello necesitamos construir un Proyecto Nacional que amalgame a todos los sectores nacionales que tenga como eje la JUSTICIA SOCIAL, es decir dar a cada uno lo que le corresponde para poder vivir dignamente.

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