Democracia participativa vs. Telecracia

Por el Dr. Miguel Angel Rios

Desde el advenimiento de la Democracia hasta nuestros días, cada dos años invariablemente ha habido elecciones y el voto ha sido el instrumento de desición más contundente que el pueblo ha tenido para aprobar, desaprobar gestiones de gobierno o aún más, permitir ilusionarse con un gobierno que trajera nuevas posibilidades para conseguir un bienestar merecido.

Pasaron 24 años y 12 elecciones nacionales, quizás hoy las elecciones tengan un sentido diferente para el votante de 1983, respecto del votante de 2007. Aquellas primeras elecciones significaban en primer término, el triunfo de la desición sobre la opresión, la posibilidad de elección del camino a seguir sobre la inmovilidad del terror, la discusión ideológica sobre la soberbia del “orden militar”, el involucramiento masivo en la cosa pública sobre el “no te metas”, en definitiva la victoria de la esperanza sobre el miedo.

Finalmente esas primeras elecciones significaron el triunfo de un partido tradicional sobre otro.

La movilidad en actos de campaña no exigía contraprestación, la participación era una desición trascendente e individual y ser parte de la convocatoria era un compromiso mayor. El colorido de las pancartas tenía la imperfección de la manualidad no profesional del manifestante y el merchandising consistía en una bincha argentina con el nombre del candidato o pulseras realizadas por un “microempresario” de barrio con visión comercial. La imposición de consignas de campaña eran producto de grupos de militantes organizados con la apoyatura material de su propia organización y de algún dirigente con aspiraciones políticas.

Las sucesivas desilusiones sufridas por el elector esperanzado y ocasional participante de la “política”, fue producto de los distintos fracasos de gobiernos que no cumplían con la expectativa esperada, alejando el entusiasmo participativo de la comunidad.

Los de hoy son otros tiempos, se ha profesionalizado la participación, los actos “masivos” son producto de una prolija puesta en escena ideada por algún técnico o profesional de los medios, que cuida al detalle la hora de convocatoria, duración del evento, atuendo del candidato para la ocasión y asegurándose una amplia difusión televisiva con recursos dinerarios nunca divulgados; la movilización es otro capítulo, que nada tiene que ver en la mayoría de los casos con las consignas convocantes y/o el dirigente ó partido, sino en la mayoría de los casos, tiene que ver con pago de compromisos contraídos del convocado con el referente, que tiene su compromiso con el dirigente zonal quedando muy lejos de inferir en la construcción política del futuro proyecto.

Por ello la mayoría de los convocados hoy mira por televisión estos “eventos”, mientras que ayer era su cita con la propuesta o con el dirigente que, con su ejemplo, lo invitaba a un compromiso de cuestiones superiores como la patria, los que menos tienen, el progreso, el bienestar, mejor salud, mejor educación y o simplemente la dignidad.

La democracia participativa se ha convertido en telecracia. Por ello quizás, no debería perderse de vista esta realidad, más allá que sea genuino el triunfo del partido con mas votos en Octubre del 2007, hay una cuenta pendiente. Devolver la alegría y la mística participativa acercando la desición a todos los argentinos, ya que han pagado caro todos estos años, el despojo sistemático por el interés común.

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