Editorial Nº 4

Desde la época de la Independencia hasta nuestros días, en nuestra Nación siempre hubo distintos grupos, facciones o sectores que lucharon y se enfrentaron para imponer, en algún caso por la fuerza como en marzo de 1976, su proyecto de País.

A finales del siglo XIX estos grupos se fueron transformando en partidos políticos, así nacieron la Unión Cívica primero, y la Unión Cívica Radical después de la fractura, el partido Socialista, el partido Demócrata Progresista, el partido Autonomista Nacional de neto corte conservador.

Ya entrado el siglo XX, aparece en escena otro concepto en donde se aglutinan diversos sectores, el de Movimiento Nacional. Así nace el Movimiento Nacional Justicialista, el partido Demócrata Cristiano, el partido Comunista, el Movimiento de Integración y Desarrollo, y tantos otros.

Cada uno de estos partidos o movimientos tenían un proyecto de País, representaban a un conjunto de intereses contrapuesto, pero que sintetizaban a través de una fórmula política, aspirando a conducir los destinos de la Nación dándole su propia impronta.

Todo sistema político funciona a partir de Instituciones fuertes y reglas de juego claras en el estado de derecho. El Estado es la Institución principal y fundamental en cualquier Nación, como expresa el autor francés Maurice Hauriou “ El Estado es la Institución de las Instituciones” y solamente hay Estado donde se ejerce Autoridad.

El problema en todo sistema político se suscita cuando estos partidos o movimientos políticos dejan de representar las ideas, las esperanzas, y los intereses por los cuales nacieron a la vida política, y se transforman en instrumentos de reducidas facciones o grupos de presión que tienen como único objetivo beneficiarse con los dineros del erario público.

El problema se ahonda cuando estas facciones o grupos de presión pretenden construir un proyecto hegemónico en donde no hay lugar para los sectores de la oposición, para el debate de las ideas, para proyectos distintos, tan necesarios para el crecimiento de una democracia, no hay en definitiva espacio para el Consenso.

El desafío de aquel que quiere gobernar el Estado y conducir la Nación es crear en primer lugar un ambiente de Concordia Política, lo cual implica una coincidencia sobre cuestiones fundamentales en la cual todos debemos estar de acuerdo.

Este presupuesto es básico para construir un Proyecto Consensuado de Nación en donde estén incluidos todos los sectores de la Comunidad.

En segundo lugar es necesario tener partidos políticos o movimientos políticos fuertes que sustenten y apoyen este proyecto, que lo nutran de hombres y mujeres de distintos espacios para poder tener una mejor Administración Pública al servicio del ciudadano. Y poder así materializar los objetivos que se han propuesto.

Estos elementos son necesarios para gobernar tanto el Estado Nacional, el Provincial, como el Municipal.

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