EL ESTADO, EL MERCADO Y LA SOCIEDAD (Lic. Alfredo Mason)

Uno de los peores errores en que puede caer, cuando hablamos de Política, es suponer que la palabra es capaz de ser comprendida por el solo hecho de ser oída o leída, como si tuviera un significado unívoco. ¿Qué queremos decir? Que siguiendo el famoso diálogo de Alicia a través del espejo , donde la protagonista desafía a Humpty Dumpty planteándole que la cuestión es si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestión es –le respondió- la de saber quien manda. Eso es todo, o sea, el sentido de las palabras está dado por el poder, y en nuestros días, éste se expresa mediante un discurso compuesto de imágenes transmitidas mediáticamente, que poseen la suficiente ambigüedad para jugar entre lo imaginario y lo real, a lo cual se suele llamar «lo políticamente correcto» .

Toda conceptualización teórica parte de una experiencia concreta, o sea, posee una situacionalidad real cuya explicitación responde a un criterio de honestidad intelectual. Ese «desde donde» parte esta reflexión no es el discurso académico y mucho menos la «praxis crítica» de la que gustan los pseudointelectuales; el sitio en que nos paramos es la política –tal como el Justicialismo la entiende- y por lo tanto expresa una voluntad que busca la construcción de la realidad y no solo su descripción. En ese sentido podemos decir que tiene una clara intencionalidad.

Por otra parte, se suele suponer que el discurso de la Ciencia Política es algo que necesariamente es complejo y difícil de entender por el común de la gente. Un talentoso pensador argentino -Arturo Jauretche- sostenía que, si al escuchar una conferencia no se comprende, se debe preguntar para que pueda esgrimirse una explicación, si el resultado de ella no es satisfactorio debe repreguntar y si, finalmente, la nueva respuesta sigue siendo incomprensible, quien pronuncia ese discurso no es un pensador sino un charlatán. Por eso les pido que si algo no se entiende, me lo pregunten en el momento.

EL ESTADO

Nicolás Maquiavelo expresa la primera reflexión sobre una nueva realidad que se construía en Europa: el estado. La palabra que utiliza para nombrarla proviene del participio latino status, que desde su transformación en sustantivo abstracto designa un proceso que se inicia en el bajo Imperio Romano.

Con el tiempo se ira ampliando el concepto. «estado», que expresará la situación interna, externa o ambas a la vez, de las instituciones políticas. Aparece el empleo de la palabra como ordenamiento fundamental, es decir, forma de Gobierno de una entidad colectiva que se identifica, en la realidad política, con las organizaciones comunales autónomas .

En el siglo XV la palabra stato llena la literatura política italiana y designa, esencialmente, un concepto general, abstracto, aplicable a cualquier forma política concreta: republicana o monárquica, democrática o aristocrática. Este es el concepto de estado que consagra Nicolás Maquiavelo (1469-1527), abriendo paso a la versión moderna.

Hay otros intentos de definir al estado, en el momento del surgimiento del liberalismo a través de Thomas Hobbes, se lo hará por su instrumento, el monopolio del ejercicio de la violencia, o simplemente sosteniendo que el fin del mismo es el poder. El caso es, que todas las instituciones humanas despliegan poder y, eventualmente, pueden ejercer violencia, y si no se fija una función de sentido específica al estado, no es posible diferenciarlo de cualquier otro medio para lograr fines particulares.

Como todas las funciones sociales, que nacen y se mantienen exclusivamente mediante actos de voluntad humana socialmente eficaces, también la función del estado es algo que se da y plantea a la voluntad humana. La función del estado no es necesariamente dada por una situación natural , sino que aparece cuando los pueblos van complejizando su organización política y el Gobierno de los mismos, requiere de una estructura administrativa para obrar. La demarcación territorial y la necesidad de apropiarse de esa espacialidad no logra fundamentar la función de aquello que desde el renacimiento conocemos como estado. Hay que agregar un alto grado de división del trabajo social y, condicionada por ella, una cierta permanencia y densidad de las relaciones de intercambio e interdependencia. Esa intensidad de una conexión permanente de vecindad –que en otro sentido llamamos «arraigo» o sentido de pertenencia- es lo que hace necesaria una organización territorial permanente capaz de ejecutar una voluntad unitaria.

La función del estado –considerado como estado nacional- consiste en la organización y ejecución de una voluntad sobre un territorio, fundada en la necesidad histórica de un status vivendi común.

La organización de la que hablamos refiere a la capacidad de desplegar y aplicar el poder social, o sea que el poder que el estado administra nace y se mantiene mediante una cooperación humana dirigida por una ordenación regular común, en la que determinadas personas cuidan del establecimiento y aseguramiento de la ordenación, así como de la actuación unitaria del poder así concentrado.

Por eso, la acción del estado es política, en el más eminente y ejemplar sentido, pues logra desarrollarse como la organización y actuación autónoma de la cooperación y solidaridad social en un territorio, a la que llamamos la voluntad de un pueblo. Ello no significa que las personas que confluyen en esa cooperación no posean intenciones subjetivas, pero éstas no tienen ninguna importancia decisiva frente al efecto objetivo.

También hemos sostenido que el estado es autónomo, y ésta autonomía debe ser considerada muy especialmente frente al mercado. Es verdad que en la realidad social, causas económicas producen consecuencias políticas , como también es verdad, a veces, lo contrario . Pero por principio nada tiene que ver la ley de máximo rendimiento con la ley de la cooperación y solidaridad social-territorial. No hay duda de que el estado debe, también, administrar sobre el mercado, pero su actividad no se basa en el poder económico sino en el poder político, por lo que no necesita buscar la eficiencia propia del mercado (máximo rendimiento de la inversión) sino que debe, en la mayoría de los casos, buscar la eficiencia social que busca servir al bien común.

No se trata aquí de tratar de revivir viejas doctrinas socialistas, como tampoco dar por desechado todo aquello que produjo el «estado de bienestar». La Doctrina Social de la Iglesia es clara, la regulación que el estado realice del mercado debe estar desde fuera de la lógica económica, para proteger el desarrollo integral de la persona. El homo oeconomicus, que obra de modo racional para un fin, es una ficción que el neoliberalismo ha vuelto a traer pero que jamás pudo ni podrá demostrar que esa racionalidad se condice con la ética.

¿Cómo se justifica el estado? La conformidad de un acto estatal con la ley y de ésta con la constitución jurídico positiva, solo puede constituir la base de una legalidad, nunca de una legitimidad justificadora . La afirmación de que la forma de legitimidad más corriente sea la creencia en la legalidad, la sumisión a preceptos estatuidos según el procedimiento usual y formalmente correctos , es inexacta y la constatamos en nuestros días bajo la forma en que el mercado señala la «seguridad jurídica».

Muchas veces estamos tentados de afirmar que sí, que los voceros del mercado tienen razón respecto de la inseguridad jurídica. Por ejemplo, las grandes cadenas de supermercados no cumplen las leyes laborales al pagar simple los días feriados trabajados o las denuncias a la cadena Wall Mart por abuso del personal.

En Argentina, y fruto de un pensamiento político, se sostendrá desde un principio que el lugar del estado es el de «mediador» entre los sectores sociales, representando no un interés parcial sino el interés del conjunto de la Nación y a la vez, la defensa de los más débiles; en donde el todo es la Nación y el estado es, dentro de ella, una sola de sus partes .

Dentro de esta concepción se hará hincapié en que el poder está en el Gobierno y el estado está al servicio del proyecto que ese Gobierno lleva adelante, por eso la respuesta al viejo y repetido «cliché» de los liberales respecto del tamaño del estado, se responde desde la trascendencia del proyecto que el Gobierno lleve adelante. Es de destacar que,, cuando se afirma que el poder está en manos del Gobierno no es fruto exclusivamente del resultado electoral, en nuestra historia reciente tenemos claros ejemplos donde, el resultado del 51% no garantiza poder al Gobierno para gobernar; la elección es solo una señal en el camino de la construcción de ese poder que implica la existencia de un proyecto capaz de abarcar y contener las expectativas y esperanzas de la mayoría del pueblo argentino, pero el poder se sigue consolidando si, cotidianamente, el pueblo colabora en la realización de ese proyecto .

En ese camino se distinguirá entre Gobierno, estado y Pueblo. En el Gobierno se centraliza el poder y por ello es el lugar desde donde se puede desarrollar un pensamiento estratégico. Al Gobierno lo conforman un grupo de personas con funciones diferenciales, aunque con una misión y fin común. El estado es una entidad maleable, que toma nuevas y diversas formas según las necesidades y circunstancias, por eso es concebido como una herramienta de ejecución del Gobierno. En la medida que las relaciones sociales van adquiriendo una mayor complejidad el estado crece en su tecnificación y la política se racionaliza en forma creciente.

O sea, se tiene en claro que la estratificación funcional del estado moderno es una de sus características básicas; que la complejidad de las tareas, el rango técnico que posee la organización, administración y los circuitos institucionales requieren de un funcionariado cada vez más capacitado y eficiente pero la función del estado no es solo administrar, sino que es parte de su naturaleza ser un órgano de síntesis de la Comunidad que también centraliza poder. Por ello la Comunidad requiere organizar un contrapeso a ese poder estatal y para ello necesita contar con una alianza entre el Gobierno y las organizaciones comunitarias u ONG’s.

El politólogo estadounidense Samuel Huntington sostiene que –en nuestros días- la función de estas organizaciones es proveer las bases para la limitación del poder estatal, así como del control del estado por la sociedad de donde se deriva que una vida asociativa rica podría suplir a los partidos políticos.

El ámbito de estas organizaciones es también conocido por «tercer sector», lo cual implica una visión de la realidad en donde el mercado aparece como el elemento dinámico de la misma, el estado como la administración pública y el resto, será ese tercer sector que se lo concibe formado por las organizaciones de la sociedad o denominadas –como señaláramos- con el anglicismo de organizaciones no gubernamentales (ong) .

Histórisamente, en nuestro país, las organizaciones comunitarias existieron y trabajaron en colaboración con los proyectos políticos que el estado ejecutaba. En el período que va desde 1810 hasta 1860, el surgimiento de organizaciones comunitarias estuvo dirigido a la asistencia social, especialmente de enfermos y huérfanos de escasos recursos. En ellas tuvieron un papel protagónico las mujeres . A excepción de la Bolsa de Cereales, fundada apenas un año después de sancionada la Constitución Nacional, el 15 de mayo de 1854 en la Plaza de las Carretas, actual plaza Miserere.

A partir de 1860, los primeros que abordan esta forma de organización serán los inmigrantes quienes buscan bajo las formas de las cooperativas proteger el valor de la producción agropecuaria chacarera (españoles e italianos de la pampa húmeda y los galeses del Chubut). Luego aparecerán las cooperativas de consumo para defender el valor del salario de los trabajadores y en donde los socialistas tuvieron activa participación y las cooperativas eléctricas que defendieron los intereses nacionales frente a las grandes empresas productoras de energía de origen extranjero, muy especialmente para llevar la electrificación a los pequeños pueblos y a las áreas rurales.

AÑO NACIMIENTO DE LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS EN ARGENTINA
1825 Sociedad Italiana del Plata
1854 L´Union et Secours Mutuels
 Sociedad de Beneficencia Ospedale Italiano
1857 Se fundan los primeros sindicatos: Sociedad Tipográfica Bonaerense y Sociedad de Zapateros «San Crispín».
1859 Sociedad de San Vicente de Paul
1866 Sociedad Rural Argentina
1875 Soc. Cooperativa de Producción y Consumo
 Sociedad de Beneficencia (2da. Etapa)
1882 Vorwärts
1885 Compañía Mercantil del Chubut
1887 Cooperativa Telefónica
 Banco Popular Argentino
1892 Fundación de los Círculos Obreros Católicos
 Tesis en la Facultad de Derecho (UBA) sobre cooperativismo
1900 Soc. Agrícola Israelita Colonia Lucienville (Basavilbaso-PER)
1905 Cooperativa El Hogar Obrero
1906 Liga de defensa de Agricultores (Tres Arroyos-PBA)
1907 Cooperativa de Irrigación (Gral. Roca-PRN)
1913 Banco Cooperativo de La Plata (PBA)
1914 Banco Cooperativo de Rosario (PSF)
 Banco de Crédito y Edificación (BA)

También aparecerán ligadas a las colectividades inmigrantes las sociedades de socorros mutuos que dieron origen a los hospitales Español, Italiano, Británico, Alemán, Israelita, Sirio-Libanés, etc. Al mismo tiempo aparecen en las grandes ciudades las asociaciones de bomberos voluntarios. El censo de 1904 mostraba que Buenos Aires poseía 950.891 habitantes, de los cuales 167.977 participaban de alguna de las 291 organizaciones comunitarias .

Aparecen, también, tempranamente, las organizaciones sindicales, generalmente dirigidas por anarquistas y socialistas, la mayoría de los cuales eran inmigrantes. Los ejemplos paradigmáticos son la Sociedad Tipográfica y el Verein Vorwärts , formado por trabajadores alemanes socialistas exiliados de Alemania, durante el gobierno de Otto Bismarck.

Por su parte, los grandes ganaderos y productores agrícolas, cuentan desde 1866 con la Sociedad Rural Argentina. El proceso de desarrollo que lleva adelante Argentina a partir de su consolidación institucional, conducirá al nacimiento del Club Industrial El 8 de diciembre de 1878 se constituye el Centro Industrial Argentino, con personalidades disidentes de la anterior organización y entre cuyos miembros, en 1891, se usa por primera vez en el país el sello Industria Nacional para su producción. Al poco tiempo, comienzan gestiones encaminadas hacia la fusión de ambas entidades. Su acción culmina el 7 de febrero de 1887, cuando en una asamblea realizada en la sede del Club de Gimnasia y Esgrima, con la asistencia de 470 socios del Club y 407 del Centro, fundan la Unión Industrial Argentina.

A partir de 1910 y la consolidación de un modelo de desarrollo agro-exportador, comienzan a aparecerlos bancos cooperativos, las cooperativas de crédito y las de consumo. Entre la población rural, especialmente los chacareros inmigrantes –muy especialmente los italianos- conformarán cooperativas agrícolas que les permitirán enfrentar a los grandes acopiadores. El período entre 1910 y 1915 conoce una expansión entre éstas últimas y muestran que en la Provincia de Buenos Aires, el 46% de los cooperativistas agrícolas son italianos, 30% argentinos, 12% españoles, 6% franceses y 6% alemanes del Volga. Estos pequeños y medianos productores que se fueron organizando tuvieron su máxima expresión en el Grito de Alcorta, que en 1912 dio nacimiento a la Federación Agraria Argentina.

Ya en la década del ’40 surgen gran cantidad de sociedades de fomento y asociaciones vecinales tanto en el Gran Buenos Aires como en los barrios suburbanos de las grandes ciudades y esta actividad vecinalista trae aparejada la proliferación de clubes barriales y las bibliotecas populares.

Tanto en el primero como en el segundo gobierno del Tte. Gral. Juan Domingo Perón, aparece por primera vez una política desde el estado que fomenta y fortalece esta forma de organización, acorde ello con la concepción de «organizaciones libres del pueblo» que el Justicialismo sostiene.

Desde 1943, el Perón sostuvo la necesidad de la organización de los trabajadores por medio de la sindicalización, la cual debería estar realizarse en un ámbito propio y separada del estado. En una alocución realizada en 1944 en la Asociación Mariano Moreno de la ciudad de Buenos Aires, incursiona también en la necesidad de la organización de la clase media a través de organizaciones comunitarias .

Por otra parte, las políticas llevada adelante desde su Gobierno, tenía en cuenta no solo el significado y valor social de las organizaciones comunitarias sino también su contribución a la generación de la riqueza nacional y su productividad. de tal manera se establece en el I Plan Quinquenal una política crediticia de fomento a la formación y desarrollo de cooperativas de producción y consumo agropecuarias y entre 1948 y 1952, el otorgamiento de créditos a éstas creció el 1000%. Las consecuencias de ello se podrán medir en la aplicación del II Plan Quinquenal en donde aparece que, en 1946 las 4 grandes acopiadores de cereales que operaban en Argentina concentraban el 80% de la producción agraria y en 1954 su participación era del 39% mientras que las cooperativas producían el 50% .

En junio de 1948 se crea la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón que desde ese momento se la conocer{a como La Fundación Evita que tendrá como objetivos prestar ayuda económica o en especies, facilitar elementos de trabajo, otorgar becas de estudio a personas carenciadas o fuera de los alcances de las políticas sociales del «estado de bienestar»; construir viviendas para adjudicar a familias indigentes; crear establecimientos educativos, hospitalarios y recreativos; construir establecimientos benéficos. En 1950, el Gobierno le encomienda fomentar el turismo social y crear colonias de vacaciones.

En 1955 la Fundación había construido los policlínicos de Ezeiza, Avellaneda, Lanús y San Martín; el Hogar de la Empleada Don José de San Martín, la Ciudad Estudiantil y 13 hogares-escuelas en el interior del país; colonias de vacaciones en Córdoba y Mar del Plata.

En la década del ’70 se irán sumando nuevas temáticas (como la ecología) bajo la forma de asociaciones civiles sin fines de lucro y fundaciones y, bajo la dictadura militar, algunas cobrarán la forma de llevar adelante acciones políticas opositoras y más aún, de defensa de los derechos humanos avasallados, cuyo caso paradigmático es la “Asociación de Madres de Plaza de Mayo”.

Pero el auge de crecimiento del sector comienza en la década de los ’80 donde las necesidades sociales se acrecientan por un creciente proceso inflacionario y luego hiperinflacionario. Así comenzarán a aparecer muchas de ellas que no guardan forma jurídica alguna pero que sin lugar a dudas cubren un lugar preponderante en la comunidad, tales como los comedores comunitarios, guarderías comunitarias y «roperos» (organizados por las cooperadoras escolares de barrios con población NBI para la redistribución de vestimenta y alimentos).

En nuestros días, las actividades de las organizaciones de la comunidad representan una importante fuerza económica que en Argentina equivale al 3.7% de la generación de trabajo total, al igual que en Alemania y por arriba que en Japón y Suecia (2.5%) y que en Italia (1.8%), siendo apenas un punto inferior al promedio de lo registrado en el mundo según una muestra de 22 países. Para que esto cobre una dimensión que aparezca como tangible podemos compararla con el empleo público y encontraremos que el trabajo rentado generado por las organizaciones de la comunidad equivale aproximadamente al 30% del generado por el estado.

Esto da un perfil inesperado a las organizaciones comunitarias, colocándolas como grandes generadoras de trabajo que superan al producido por las grandes empresas. Una vez más, tratando de acercar las cifras a nuestra vida cotidiana, encontramos que en un momento con un alto índice de desocupación, en dichas organizaciones trabajan 395.000 personas.

A su vez, pensando que la mayoría absoluta de estas organizaciones prestan servicios, muchos de los cuales tienen como objetivo resolver problemas y necesidades sociales, encontramos que por medio de ellas alrededor de 1.500.000 personas realizan trabajo voluntario en búsqueda de la resolución de las mismas.

Las actividades desarrolladas por estas organizaciones movilizan 12.000 millones de pesos por año, esto equivale al 5% del PBI; si solo se considera el valor agregado o producto del sector, su relación con el PBI representa el 3.2% del mismo.

MERCADO

Recordemos en primer lugar el doble proceso en desarrollo: una globalización (económica, tecnológica y de circuitos de comunicación) y la creciente segmentación en el interior de cada sociedad . En segundo lugar, el desplazamiento del estado por el mercado en las iniciativas y las decisiones políticas.

Durante la crisis de gobernabilidad que se desata a partir de los ’80 prevaleció la interpretación neoliberal que propugna una ruptura radical: el reemplazo del orden producido por la autorregulación. Al concebir el orden social ya no como producto deliberado, sino como el equilibrio espontáneo de la acción humana, el principio constitutivo de la organización social se hace radicar en el mercado. Los equilibrios del mercado ocuparían el lugar de la conducción política que, en un orden autorregulado, aparece como una interferencia arbitraria. Acorde con el viejo sueño liberal se pretende sustituir las violentas pasiones políticas por los racionales intereses económicos. La realidad, empero, es menos idílica.

A raíz del dinamismo que adquieren las finanzas en el proceso globalizador ya no existe una «economía nacional» como esfera claramente delimitada, y la gestión pública pierde capacidad conductora. La política renuncia a los instrumentos de gestión económica (política industrial, monetaria, fiscal) algunos de los cuales son asumidos –indirectamente, a través de supervisiones, fijación de metas, directivas- por el Banco Mundial, el FMI o el «pool» de banca acreedora. Se trata de eliminar una de las funciones básicas de la política moderna: la de fijar límites a la economía de mercado. Pero la conducción política se ve inhibida también en otros campos: la juridificación de los asuntos políticos y el consiguiente desplazamiento del sistema político por los tribunales de justicia .

El cálculo utilitarista de costo-beneficios intenta fijarse como la lógica de una nueva sociabilidad. La competencia sin tregua fomenta un individualismo sumamente creativo y ágil en desarrollar estrategias individuales de éxito a la vez que muy reacio a todo compromiso colectivo, debilitando la malla solidaria de contención que establecían las relaciones tradicionales, pagándose por ello el precio de la inseguridad generalizada de todos. La gente desconfía de su vecino, entre otras cosas, porque no lo conoce, no establece relaciones sociales territoriales. Ello concluye con que a menor cohesión social mayor incertidumbre.

Esta incertidumbre tiene como contracara una realidad avasalladora, incomprensible que provoca impotencia. La imagen que viene a la memoria es la de la película Apocalypsis now, en donde se muestra un clima sofocante producto que hay un enemigo que no se sabe quien es, donde está ni cuando pero en cualquier momento ataca y mata. A su vez, la incertidumbre es muy diferente para un grupo social que para otro; quienes están más expuestos al desamparo poseen un mayor grado de ella pues, el control de calidad y la atención al cliente, la defensa del consumidor y la dignidad del usuario son los nuevos derechos del ciudadano-consumidor, quienes están excluidos de la «sociedad de mercado» conviven con la violencia urbana, la corrupción impune, la inestabilidad del empleo y una competitividad despiadada como su «barbarie cotidiana».

La visión neoliberal tiene tres equivocaciones básicas: 1) no existe un «estado de naturaleza mercantil» previo a la organización política sino que por el contrario, ésta última lo crea; 2) el mercado no constituye un orden autorregulado pues éste, supone capacidades de autolimitación y de autosuficiencia que el mercado no posee; 3) el mercado no tiene límites o restricciones intrínsecas y si éste ocupa los campos de donde éstas deben provenir (política, derecho, ética) la sociedad queda indefensa. Por otro lado, la visión armónica del mercado que propugnan los neoliberales, poco tiene que ver con la feroz competencia que caracteriza al ámbito mercantil.

Solo desde la lógica política se puede comprender que significa la provisión por parte del estado de salud, educación, seguridad, previsión social… es mucho más que servicios materiales. Es sobre todo un reconocimiento social del aporte que hace toda persona a la constitución de la Comunidad y, muy especialmente, un servicio de protección que debe la misma a cada uno de sus miembros. Cuando ello se desdibuja o desaparece puede subsistir –de hecho lo hace- un régimen de Gobierno democrático pero no una forma democrática de Gobierno, no habrá gobernabilidad democrática sin una cultura política solidaria, entendiendo por ésta no la contención de la pobreza sino las políticas tendientes a su eliminación.

Por otra parte, queda cada vez más claro que es incompatible para países como el nuestro encontrar una armonía entre el desarrollo de una democracia plena, conseguir la confianza de los mercados y una estrategia de crecimiento orientada a reducir la pobreza . La decisión está en cual de los tres factores se elegirá. A nuestro entender, hay que renunciar a la confianza en los mercados y centrarse entre en lograr una democracia participativa y una estrategia de desarrollo que contribuya a instaurar un mayor grado de justicia social. Por otra parte, es fundamental comprender que frente a los pueblos que ejercen su soberanía el capital financiero por medio de los organismos multilaterales levantan la imagen de la ingobernabilidad, con la consigna de que si intentan un camino distinto “se caen del mundo”, pero en realidad no es otra cosa que la tensión –propia de la lucha por el poder- creada por los factores de poder financiero –al que se le suma en muchos casos el poder imperial de EEUU- por determinar el sistema basado en la legitimidad democrática para que funcione de acuerdo a sus intereses y cuya principal arma es la deuda externa y la consecuente toma del dólar como moneda fuerte de referencia.

¿QUÉ ES LO SOCIAL?

Cuando hacemos referencia al concepto de «lo social», estamos suponiendo al hombre como actor y protagonista fundamental del hecho social. Un protagonismo explicitado en su capacidad de producir una construcción social de la realidad, donde el «otro» no es considerado como un objeto sino como un sujeto con el cual se comparte una situación, se experimentan sentimientos comunes y es posible establecer un horizonte, en cuyo camino se encuentran ambas subjetividades.

Así, al hablar de «lo social», se trata de definir las notas de este aspecto de la realidad humana al cual abordaremos desde las determinaciones de nuestra propia cultura argentina y latinoamericana, reconociendo que su núcleo responde al Cristianismo como experiencia religiosa aglutinante .

Los términos «social» y «sociedad» aparecen permanentemente en el lenguaje coloquial y en el de los medios de comunicación para nombrar el lugar en común (tópos) o la entidad en que se da la convivencia humana, pero no siempre su utilizó ese término para hablar de lo mismo. La etimología inmediata de la palabra nos parece significativa para ir adentrándonos en su comprensión y para ello nos tenemos que remitir al siglo XVII y el surgimiento de la modernidad europea.

Así como en el mundo físico los elementos que 1o componen son denominados «cuerpos», cuya unidad de sentido son los átomos, del mismo modo el mundo político que contempla el inicio de la modernidad se descompone en «individuos», que en nuestro lenguaje cotidiano puede ser sinónimo de «persona» u «hombre», pero por entonces se aplicaba por primera al ser humano, teniendo muy cerca su raíz de origen latino que traduce la griega (átomo).

Los átomos físicos subsisten por sí, cerrados sobre sí y no pueden por esencia fusionarse. Toda reunión de ellos es derivada y accidental: el átomo puede existir solo y puede agruparse con otros, indistintamente, en algún cuerpo. Lo mismo sucede con los átomos humanos (individuos): los vínculos oficiales entre los individuos se establecen por pactos voluntarios de asociación. Y es en esa situación, sobre esta base de la previa disociación, donde puede asentarse la noción de «sociedad».

Así, en la modernidad europea, la disociación es 1o originario y la sociedad tiene necesariamente que ser un fenómeno derivado. Este se constituye para corregir el proceso disociador que implica la pérdida del sentido de 1o común, de la comunidad: esto es, no para suprimirla sino para organizarla racionalmente, de acuerdo con los fines calculados.

Toda asociación tiene un fin. Así, los aliados militares en la antigua Roma se unían para oponerse a un enemigo y por ello se llamaron “socios” (socii). Pero la teoría política moderna piensa en términos del ius civile: la sociedad civil, ámbito de los conflictos entre los particulares, es también una asociación entre ellos que busca obtener algo provechoso para sus miembros, uno de cuyos objetos centrales será la defensa de la propiedad privada. Teniendo en cuenta los fines se determinan, mediante un cálculo racional, los medios apropiados para conseguir tales objetivos. El primero y principal de estos medios es la sociedad misma, la cual requiere un estatuto societario para determinar las jerarquías y las funciones ejecutivas. La constitución de la sociedad civil en la modernidad europea es impensable sin la constitución del estado, como el organismo que, a la vez que ejecuta las decisiones, regula las relaciones entre los socios, y al que estos se subordinan en su propio provecho . Otra será la experiencia en América Latina, pero de eso nos ocuparemos más adelante.

Jean-Jacques Rousseau hablará de algo previo a la constitución política que establecería el contrato social, de un «humus» que es el fundamento originario de toda acción contractual. El hombre en estado de naturaleza será para él, un manojo de sentimientos y disposiciones genéticas, y el pasaje a una sociedad no es otra cosa que la prolongación de la esfera de los sentimientos en una comunidad cordial. Los hombres se reunirían entre sí debido a una pulsión de la especie, un sentimiento de conservación y se va tejiendo una red simbólica en la cual las vecindades territoriales hacen su parte surgiendo ese «humus» social que transforma al hombre en sujeto de cultura, alejándolo de la especie .

Conjuntamente con este origen del concepto de «lo social», deberíamos tener en cuenta la acción peculiar de la Iglesia, la cual no propone ningún sistema político, social o económico en particular, pero sus reflexiones son las de una institución que desde hace más de 2000 años determina las conductas de millones de personas en todo el mundo en un nivel mucho más profundo; la llamada Doctrina Social posee contenidos que, sin dejar de poseer un destinatario histórico determinado, trasciende los mismos y posee un contenido perdurable pues evangeliza el espíritu que condiciona la totalidad de la vida social . Por ejemplo, la encíclica Rerum Novarum (1891) fue un mensaje para la emergente generación de la sociedad industrial; la Quadraggésimo Anno (1931) fue un mensaje para la sociedad conmovida por la crisis económica de 1929 y la Centesimus Annus (1991) refiere a los acontecimientos que llamamos genéricamente el triunfo de Solidaridad en Polonia y «la caída del Muro de Berlín», y sin embargo todas ellas poseen un valor que va más allá de lo temporal, y que a su vez, va construyendo el sentido de lo social .

En la encíclica Centesimus Annus, se produce la actualización de la Doctrina Social en vista al siglo XXI . Allí se sostendrá que el mundo de la post-guerra desarrolla varios procesos políticos en paralelo, que a su vez están integrados en una forma no causal: por una parte se conforman dos bloques de poder (EE.UU. y la URSS), en Europa occidental se desarrollan las experiencias de la socialdemocracia y el libre mercado y en gran parte del Tercer Mundo comienza un movimiento de descolonización.

Cada uno de los dos bloques -señala Juan Pablo 11- lleva oculta internamente, a su manera, la tendencia al imperialismo, como se dice comúnmente, o a la forma de neocolonialismo: tentación nada fácil en la que se cae mucha veces, como enseña la historia incluso reciente .

En los países que inician su proceso de emancipación en la segunda mitad del siglo XX, esta conciencia es tal que ha dado origen, aunque con dificultades, oscilaciones y a veces contradicciones, al Movimiento Internacional de los Países No Alineados, el cual, en lo que constituye su aspecto positivo, quiere afirmar efectivamente el derecho de cada pueblo a su propia identidad, a su propia independencia y seguridad, así como a la participación, sobre la base de la igualdad y de la solidaridad, de los bienes que están destinados a todos los hombres .

Afirma Juan Pablo 11 que parecía como si el orden europeo, surgido de la Segunda Guerra Mundial y consagrado por los acuerdos de Yalta ya no pudiese ser alterado más que por otra guerra , y sin embargo a lo largo de los ’80 van cayendo en América Latina, Africa y Asia ciertos regímenes dictatoriales y opresores hasta que en 1989 se produce el acontecimiento que, simbólicamente se representa como la “caída del muro”: se derrumba el comunismo.

No cabe dudas de que, en el mundo que surge a partir de ese acontecimiento, la tecnología, como herramienta de poder, posee un nuevo y enorme valor. Respecto de ella y su rol en el mundo actual, ha expresado Juan Pablo II que es la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber en lo que se funda la riqueza de las naciones industrializadas . Pero este poder está construido sobre y mediante el terror para sostenerse: el peligro atómico, el hambre mundial y el control de la natalidad, la apocalipsis del desequilibrio ecológico, el sida, los cambios climáticos, etc.

A su vez, la aparición en nuestros días de una retórica que menta un «nuevo orden mundial», es el intento de redisponer o determinar las posibilidades de un mundo nuevo y sin «otro», redefiniendo el sentido de lo social a partir de la globalización de la economía; por su parte Juan Pablo II responderá que se siente cada día más la necesidad de que a esta creciente internacionalización de la economía correspondan adecuados órganos internacionales de control y de guía válidos (. ..) cosa que un estado solo, aunque fuese el más poderoso de la tierra, no es capaz de lograr . Este es el mundo que la Iglesia entrevé en el futuro. Un mundo con historia, (contra lo que piensa Francis Fukuyama), donde el futuro de los pueblos está en su capacidad de afincarse en su propia identidad para afrontar un todo cada vez más interdependiente.

Pero también Juan Pablo II contempla la labilidad de esta situación y caracteriza algunos elementos de ella: a) en los países desarrollados se publicitan valores puramente utilitarios que provocan de manera desenfrenada los instintos y las tendencias al goce inmediato; b) las sociedades menos desarrolladas, a la vez que reciben la misma publicidad, incrementan la brecha entre los que más tienen y los que menos poseen, apareciendo un nuevo fenómeno como lo es la marginalidad o exclusión social que nada tiene que ver con la figura del «pobre» que apareciera en la década del ’60.

Se seguirá señalando como «signo de los tiempos» a la justicia social, pero hay un intento de redefinir el concepto de «pobre», quitándole aquello que de utópico le agregaba la interpretación no-oficial de la Doctrina Social. Este «nuevo pobre», está más cerca del trabajador y sus instituciones sindicales que del proletariado de la lucha revolucionaria, reconociendo al «pueblo» como su estructura de pertenencia. Se trata de encontrar la resolución de los conflictos sociales por medio de la búsqueda de la armonía y no por la supresión.

Al mismo tiempo, para evitar que los mecanismos de mercado sean el único punto de referencia de la vida social, aparece la democracia como la mejor experiencia popular participativa. Ella es considerada por Juan Pablo II no como una forma estatal sino como la organización popular de la soberanía de cada pueblo. No se trata de determinadas instituciones o de porcentajes electorales sino de una activa participación en los proyectos, redefiniendo el lugar del centro ordenador de la vida social: ya no será la economía sino la cultura política de un pueblo desde la cual aparecen las soluciones. Y aquí aparece la herramienta para alcanzar la justicia social, pues no alcanza con el estado nacional sino que es necesaria la participación popular. Quizás en la mente del Papa estén presentes la organización y movilización que produjo el movimiento Solidaridad en Polonia y nosotros podríamos pensar en el 17 de octubre.

A su vez, cuando se habla de «libre mercado» se alude a la llamada «economía de empresa», «economía de mercado» o simplemente de «economía libre». Esta moderna economía -sostiene el Papa- comporta aspectos positivos cuya raíz es la libertad de la persona y donde el trabajo ocupa una posición central. No es de suyo que este sistema económico abra esa posibilidad pero puede ser la herramienta que, en mano de los pueblos, transforme al trabajo no sólo en una forma de sustento sino en el «lugar» donde se expresa la personalidad del trabajador, generando una auténtica cultura del trabajo.

Pero en el mercado actual, sin embargo, hay muchos hombres que no disponen de medios que les permitan entrar de manera efectiva y humanamente digna en un sistema de empresa. Más, en muchas oportunidades, la relación entre tales economías genera, en el caso de las más débiles, un sistema especulativo no-productivo con una amplia zona de marginados, lo que transforma en más dependiente a esa respecto de la primera.

A su vez, la debilidad económica estructural de aquellos países que están fuera del selecto grupo de los altamente desarrollados (Comunidad Europea, Estados Unidos, Japón) generan la imposibilidad del acceso a la adquisición de los conocimientos básicos, que les ayuden a expresar su creatividad y desarrollar sus capacidades dentro del sistema. Ellos son marginados del desarrollo económico, limitando incluso los espacios ya reducidos de sus antiguas economías de subsistencia. Ofuscados por el esplendor de una ostentosa opulencia, inalcanzable para ellos, coartados a su vez por la necesidad, esos hombres forman verdaderos aglomeraciones en las ciudades que aquí conocemos como «villas» y que con diferentes nombres se reproducen por América Latina. A su vez, otros hombres, aun no estando marginados viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria y donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo .

Da la impresión que, tanto a nivel de naciones como de relaciones internacionales, el libre mercado sea el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades (. ..) esto vale sólo para aquellas necesidades que son «solventables», con poder adquisitivo, y para aquellos recursos que son «vendibles», esto es, capaces de alcanzar un precio conveniente . Se abre así un campo de acción y de lucha, en nombre de la justicia social y en este sentido se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predominio absoluto del capital (. ..) respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre. En lucha contra este sistema (se opone) una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación . Esta sociedad no se opone al mercado pero exige un control del mismo por las fuerzas sociales y el estado, a su vez que, generar empresas donde se invierta la ecuación capital-trabajador, revalorizando el papel de la persona.

Así nos parece importante señalar dos aspectos de este pensamiento: por un lado es necesario abandonar una mentalidad que considera a los pobres -personas y Pueblos- como un fardo o como molestos e inoportunos, ávidos de consumir lo que otros han producido. Los pobres exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos ; a su vez es deber del estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como son el ambiente natural y el ambiente humano, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanismos de mercado .

Existe un grave problema de distribución desigual de los medios de subsistencia y esto sucede no por responsabilidad de las poblaciones indigentes, ni mucho menos por una especie de fatalidad dependiente de las condiciones naturales o del conjunto de las circunstancias (. ..) Por consiguiente, los responsables de la gestión pública, (como) los ciudadanos de los países ricos (. ..) tienen la obligación moral (. ..) de tomar en consideración, en las decisiones personales y de gobierno, esta interdependencia que subsiste entre su forma de comportarse y la mi- seria y el subdesarrollo de tantos miles de hombres . (Sollicitudo reí Socialis, 11. 9). Frente a esta situación dramática de la falta de desarrollo adecuado, que cada día de hace más grave, es necesario precisar que el desarrollo no es un proceso rectilíneo, casi automático y de por sí ilimitado, como sí, en ciertas condiciones, el género humano marchara seguro hacia una especie de perfección indefinida . Ello implica una revisión de dos conceptos: el del desarrollo y el de la historia. En primer lugar nos habla de que los pueblos poseen formas de organización y desarrollo social propias, contraponiéndolo al «one world»; por otra parte vuelve sobre una visión veterotestamentaria donde la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino más bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre libertades .

De manera alguna el papel del estado queda disminuido en su responsabilidad frente a la comunidad. Es necesario que los políticos -más allá de sus definiciones ideológicas- contemplen el error fundamental en que cayeron tanto el capitalismo como el socialismo: considerar al hombre como un simple elemento y una molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al funcionamiento del mecanismo económico-social .

La Doctrina Social señala un camino en el que los pueblos pueden ir encontrando un futuro propio, reconociendo un encuadre de la cuestión en términos éticos y culturales. Hoy aparece una señal de ello a través de la creciente conciencia de la interdependencia e integración de los hombres y las naciones, no bajo una forma homogenizante sino analógica. Ella se expresa no sólo como sistema determinante de relaciones en sus aspectos económicos, culturales, políticos y religiosos sino, fundamentalmente, cuando es asumida como categoría ética cuya correspondiente «virtud» es la «solidaridad». Sobre ello es posible construir un sistema socialmente justo, que se base en la igualdad ante la ley, y en el debido respeto de las legítimas diferencias. La solidaridad nos ayuda a ver al «otro» como prójimo y ello favorece la integración .

A partir del concepto «prójimo» se construye un concepto de social, pues considera propio del hombre el vivir «junto con otro», que es su «próximo», más allá de las necesidades materiales , en efecto, todo ser humano que habita en nuestro planeta, es miembro de una sociedad civil, de una Nación . Es más, Juan Pablo II sostendrá que en el devenir ético, el perfeccionamiento de la persona supone la realización concreta de las condiciones sociales que constituyen el bien común de toda comunidad política nacional .

ESQUEMA DE LA CONSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA MODERNA

A lo largo del siglo XX se producen una serie de acontecimientos cuyo resultado determinan las características de la sociedad argentina moderna y a los cuales haremos referencia esquemáticamente.

Desde fines del siglo XIX y entrado los primeros años del XX, el fenómeno de la inmigración masiva sorprende y preocupa a hombres como Carlos Pellegrini, Eugenio Cambaceres, Rafael Obligado o Ernesto Quesada. El eje de su preocupación era el logro de un sentimiento de pertenencia común, en una población donde alrededor del 50% era nacido en estas tierras, mientras que el resto se componía de un 20% de italianos, 15% de españoles y el 15% restante eran desde judíos centroeuropeos (“rusos”) hasta sirio-libaneses (“turcos”), desde ingleses hasta servios, crotas y montenegrinos.

En 1913, Leopoldo Lugones pronuncia una serie de conferencias que luego publicará con el nombre El Payador, en donde propone el Martín Fierro como el poema nacional, que se irá constituyendo en el referente de lo propiamente argentino. Pero eso fue posible porque hubo una Ley 1420 que regía la enseñanza primaria obligatoria, y porque una maestra, Rosario Vera Peñalosa, creó el guardapolvo blanco que otorgaba igualdad de presencia a todos.

El otro elemento importante es la aparición en la política de un sector social, tanto urbano como rural, cuyo elemento común era la construcción de su ascenso mediante el trabajo. Eso representaba Hipólito Yrigoyen y lo mismo comprendió Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza que, aun siendo éstos últimos conservadores, llevaron adelante la ley que implantaba el sufragio universal, secreto y obligatorio.

Ahí están señalas las dos vías por las cuales se iniciaba la constitución de la sociedad argentina moderna: la educación y el trabajo.

En 1945, para ser más precisos, el 17 de octubre, irrumpe en la escena política un nuevo sector social: el trabajador, generalmente industrial. Ellos traerán una característica peculiar: sin desconocerse como un sector de la sociedad plantean representar lo más genuinamente popular, lo que políticamente llamarán «la columna vertebral», pero convocando a su alrededor a los demás sectores sociales. Esto encarna el liderazgo de Juan Domingo Perón.

En la década del ’60, Gino Germani, mostrará como la clase media floreciente de entonces, es hija de los trabajadores industriales de los ’40. Se podría decir que hubo un éxito en el modelo de ascenso y consolidación social. ¿Pero se había procesado una identidad? Esos jóvenes de los ’60 eran hijos del entrecruzamiento de los inmigrantes o sus hijos con los migrantes que desde el interior del país fluían sobre las grandes ciudades en busca de una mejor calidad de vida.

El eje sobre el cual se construye esta consolidación e identidad es la búsqueda de mayores niveles de justicia social. El espacio donde este proceso de afinca, son los suburbios de las grandes ciudades; en el caso de Buenos Aires es el llamado Gran Buenos Aires y la institución que aparece es el «barrio», territorio donde se consolida una red solidaria y contenedora, que otorga pertenencia y arraigo.

El texto más claro que conozco donde esto se plantea es la obra de teatro Made in Lanús de nelly Fernández Tiscornia o la película que se hiciera sobre dicha obra, Made in Argentina:

Yoly: Ya sé… Ya sé que ni saben que existo. Ni mamados se imaginan (los yanquis) a Lanús ni a mí. Para ellos, de las patas de ellos para abajo, todo lo que hay es mierda. Negros muertos de hambre, patasucias ¡basura! Eso somos… está bien.¡Qué hagan y piensen lo que quieran! Pero yo, la Yoly de Lanús, no les voy a ir a pedir la escupidera para vivir apretando botones y tirando los repasadores.¡No! ¡Yo no! Perdé cuidado. Yo sé bien lo que soy y de donde vengo. (…) Todo lo que hice en mi perra vida fue pelear y llorar y tragar. Pero tengo una hija ¿sabés? Una hija que si Dios quiere y me da fuerza va a tener un título y va vivir como yo no pude vivir. Y si ella no llega, llegarán sus hijos. Porque alguna vez… algún día… Y va a ser acá… acá. Vos parece que te olvidaste, Negro. Vos te olvidaste de tu viejo y el mío.

Negro: No… no me olvidé (…) Pusieron el “pecho por creer” en el cuarenta y cinco y casi los fusilan por creer en el cincuenta y cinco (…)

Yoly: Vos no te acordás… vos no te acordás como eran. De cómo querían cada pedazo de Lanús, cada metro de asfalto… cada piedra que pusieron. Meta sociedad de fomento y cinchar y dele sangre y laburo. Y así se gastaron la vida. Pero no pararon… y llegó el agua y las cloacas… Y el día que llegó la luz… (…) Y tu taller, Negro… tu taller. (…) Acordate el día que se incendió, vos no te acodás… Todo Lanús corrió. ¡Se incendia el taller del Negro!¡El taller del Negro! Y te lo salvaron. Porque era tu taller. Porque acá sos el Negro .

Con la irrupción de la dictadura militar en 1976, particularmente con su actuación en el terreno político y social: terrorismo de estado, instauración de la figura del desaparecido, destrucción de la industria obtuvieron el único logro que al día de hoy no logró revertirse: un proceso de desestructuración de la malla social solidaria que había caracterizado a nuestro pueblo.

Por el contrario comienza lo que se ha dado en denominar la fragmentación social, consecuencia de las políticas neoliberales cuya «filosofía social» es el consumismo, cuyo modelo individualista fue, en su origen el «yuppie» (que en su traducción no literal es el pisa cabezas), en donde lo más importante es el éxito, que se expresa por los elementos materiales capaces de mostrarse. O sea, tal como lo preveía la Doctrina Social, el «ser» fue reemplazado por el «tener» y de allí la importancia de poseer objetos socialmente calificados por ese pensamiento consumista (¿Cómo? No tenés celuar…).

Esta exacerbación del individualismo es la contrapartida del sentimiento solidario, pero en la política uno aprende que con la realidad se pueden hacer muchas cosas, menos negarla; merced a ello, no se puede dejar de contemplar que a media tarde pasa por la estación San Martín un “tren blanco”, o que si se está en Buenos Aires y alrededor de las 18.00 hs comienzan a aparecer los camiones cargados de carros y gente a la cual denominamos «cartoneros».

¿Qué fenómeno social se opera allí? En primer lugar, calificamos a aquellos que son el objeto vivo de la injusticia social con el nombre de «cartoneros», siendo que el sub-fijo «-eros» indica profesión, a partir de lo cual, el lenguaje –gran legitimador de la realidad- cristaliza la condición de la injusticia social como profesión. O sea, están los panaderos, carniceros, relojeros…. y los cartoneros. Consecuentemente con ello, en lugar de sostener que vivir así es una «porquería», que es necesario implantar mayores niveles de justicia social, una pseudo-dirigencia política –más cerca de Bélgica que de Tristán Suárez.- discute y legisla sobre la existencia de un tren especial para ellos, que tengan jardines de infantes para dejar a sus niños, que puedan estacionar en cualquier lugar o tener carros iguales para cargar los cartones… pero de resolver el tema central que es la falta de trabajo y la injusticia social, ni hablar.

Quiero que quede claro que esto no es una visión pesimista de la cuestión. Solo trata de comprender a donde hemos llegado, pero estoy convencido de que es posible resolver estos problemas, solo que el camino es la organización, nunca la respuesta individual. Es necesario volver a reconstruir los lazos solidarios territoriales, no como algo propio del pasado, sino aprovechando la tecnología para ese propósito. Hace unos días presencié un ejemplo claro de ello. Una familia peruana concurre en pleno (5 miembros) a un ciber y mediante una PC con cámara digital se comunica en voz e imagen con sus parientes en Perú para mantener sus lazos familiares y culturales, recordándoles que ellos los tenían presentes en sus oraciones y le pedían a Santa Rosa que los acompañara, etc. Era tecnología del siglo XXI con un mensaje que parecía del siglo XVI. En realidad se trataba del cultivo de los valores tradicionales de esa comunidad.

Lo mismo pasa con la política. Hay que replantearse el valor de la estructura territorial, los lazos de confianza personal que generan lealtad, las formas organizativas que evitan el dogmatismo, etc. Sin esos elementos no hay política y sin política no hay salida. Por eso es importante volver a pensar la realidad políticamente, no desde la «interna», sino desde una comprensión de los hechos que los sitúa en una relación de poder… y eso nunca es algo individual, sino colectivo. Por eso me parece fundamental formas de organización como la de Uds. que permiten dialogar y concluir en ese terreno.

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Referencias

1-Coordinador de la Carrera de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de La Plata (sede San Martín); profesor titular de Filosofía Política y Social. Asesor en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
2-Se puede consultar en http://virtualbooks.terra.com.br/freebook/esp/alicia_atraves_del_espejo.htm
3-Tenemos a mano un claro ejemplo. Es común escuchar hablar por los medios de comunicación o en el discurso político acerca de la «gobernabilidad», éste un término francés «gouvernance» que se usó en el siglo XIII y pasa al inglés «governance» en el siglo XIV y nunca más se usó desde entonces para nombrar el arte de gobernar. Lo sacan del arcón los organismos multilaterales (FMI, BM, etc.) para poder referirse a la política interna de los países sin que aparezca en forma explícita la intromisión en los asuntos internos. MASON, Alfredo Algunas reflexiones sobre la gobernabilidad en Anales de Ciencias Sociales (UCALP) La Plata. 2004.

4-CASTELLAN, Angel El concepto de «lo stato» en Maquiavelo en Actas de las V Jornadas Nacionales de Filosofía. Córdoba. 1981. p. 97; DILTHEY, Wilhelm El hombre en los siglos XV y XVI. México. FCE. 1947. p.32-37
5-Lo que reconocemos de orden natural es la necesidad del hombre de vivir en comunidad y por eso mismo, siempre habrá Gobierno (autoridad) pero no necesariamente estado.
6-Recuérdese la crisis de fines de 2001, desde el proceso que se inaugura a fines del 2000 con el llamado «blindaje» realizado por el FMI y la operación de cambio de bonos de deuda pública (megacanje). Cf.: CAFIERO, Mario – MASON, Alfredo Trama de un golpe de mercado en http://achura.galeon.com/ 0003/000057.htm
7-La decisión política tomada en el 2005, de realizar una «quita» para renegociar la deuda pública en manos particulares, produjo una recategorización del riesgo de inversión en Argentina.
8-Las dos grandes encíclicas donde se desarrolla este tema son Rerum Novarum (León XIII, 1891) y la Centesimus Annus (Juan Pablo II, 1991).
9-HELLER, Hermann op. cit. p.239
10-WEBER, Max Economía y Sociedad. p.36
11-En la provincia de Córdoba se llega a hablar de que obligan a los empleados a usar pañales para no tener que parar el trabajo en las cajas para utilizar el baño. En los Estados Unidos se realizaron acciones semejantes, tal como lo denuncia Ann Zimmerman en The Wall Street Journal 27.07.2005.
12-PERON, Juan Domingo Siscursos 1974. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. 1974 t.: II p.43
13-Por ejemplo, convocando a los ciudadanos para generar confianza en la sociedad acerca del valor de la moneda emitida, desdolarizando la economía; ello quiere decir que desde los precios de la oferta inmobiliaria hasta los productos denominados «commodity» expresen sus valores en moneda nacional y según la relación del propio mercado.
14-BRESSER PEREIRA, Luiz Carlos – CUNILL GRAU, Nuria Lo público no estatal en la reforma del estado. Buenos Aires. CLAD-Paidós. 1998 p.26
15-El capital social. Hacia la construcción del índice de desarrollo de la sociedad civil en Argentina. Buenos Aires. PNUD-BID. 1998 p.33
16-PASSANANTE, María Inés Pobreza y acción social en la historia argentina en Humanitas. Buenos Aires (1987).
17-El 13 de febrero de 1871, Federico Engels le escribe al Consejo Federal Español de la Internacional que tome contacto con los tipógrafos de Buenos Aires y le mendan un ejemplar de Analaes de la Sociedad Tipográfica de Buenos Aires ( MARX, K – ENGELS. F. Materiales para la historia de América Latina. Córdoba. Pasado y Presente. 1972 p.315
18-BAUER, Alfredo La Asociación Vorwärts y la lucha democrática en la Argentina. Buenos Aires. Fundación Friedrich Ebert-Legasa. 1989.
19-El objetivo de éstos no solo era deportivo, en ellos se buscaba dar contención a los jóvenes y a los adultos mayores. En el primer caso, por medio de los campeonatos juveniles de fútbol Evita, se los sometía a una revisación médica integral, combinando la prevención con el tratamiento de los problemas de salud.
20-PERON, Juan D. El Pueblo quiere saber de que se trata. Buenos Aires. Freeland. 1973 p.136.
21-PERON, Juan D. Perón habla al cooperativismo. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. 1954.
22-ROITTER, Mario-RIPPETOE, Regina-SALAMON, Lester Descubriendo el sector sin fines de lucro en Argentina. Buenos Aires. Johns Hopkins University-CEDES. 1999.
23-La globalización es un fenómeno objetivo cuya expresión más determinante es la interdependencia global de los mercados financieros, permitida por las nuevas tecnologías de información y comunicación. Es precisamente este sector más dinámico el que tiende a presentar el proceso a través de la ideología neoliberal. C.f.: CAFIERO, M – MASON, A. Trama de un golpe de mercado en http://www.demokracia.com.ar
24-Un destacado miembro de este proceso sostiene que el sistema capitalista global se caracteriza no solo por el libre comercio sino también, de modo más específico, por la libre circulación de capitales […] aspira capital de los mercados y las instituciones financieras del cemtro y las bombea a la periferia, ya sea en forma de créditos e inversiones de cartera a través de compañías multinacionales […] cuando aparecen las crisis, el movimiento de capital invierte la dirección y huye de la periferia. SOROS, George La crisis del capitalismo global. Barcelona. Plaza & Janés. 1999. p.14
25-LECHNER, Norbert Cultura política y gobernabilidad en Leviatán. Madrid (1997)68 p.83
26-RODRIK, Dani Pobreza y Globalización en Observatorio Social(2001) 8 p.6
27-¿Podríamos pensarlo desde otro lugar? Sin lugar a dudas, si fuéramos chinos, por ejemplo, y aun siendo cristianos deberíamos tener en cuenta también otras determinaciones culturales. Y si bien, el concepto en su universalidad nombraría lo mismo, no necesariamente respondería a la misma realidad histórica y cultural. Por ejemplo, para un argentino la familia es la familia primaria y su ampliación se concibe por unión matrimonial basada en el amor; para un chino, la familia es una red de parentesco fuertemente ligada a una concepción racista, y si uno de ellos se une matrimonialmente con un no-chino no solo éstos, sino también sus padres, quedan fuera de la familia.
28-PORATTI, Armando Comunidad, sociedad, sistema mundial en Revista de Filosofía Latinoamericana y Cs. Sociales. Buenos Aires (1986)11 p.91-93
29-C.f.: ROUSSEAU, Jean-Jacques Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. México. Porrúa. 1974 (hay otras ediciones en castellano). MASON, Alfredo Teoría del estado. Buenos Aires. Biblos. 1997 p.75-76
30-CARRIER, Hervé El nuevo enfoque de la Doctrina Social de la Iglesia. Ciudad del Vaticano. Pontificio Consejo «Justicia y Paz». 1988 p.38
31-Como sucede al interpretar toda acción, siempre aparecen «apresurados» y «retardatarios», así F. Dostoyevski sostendrá que la Iglesia se inclinaba, con esta encíclica, al socialismo.
32-La aparición de esta encíclica es considerada como un valioso aporte para la resolución de la crisis por parte del Franklin D. Roosevelt –quien todavía no era presidente de los EEUU- y el economista alemán Werner Sombart
33-Aparecen entre nosotros, quienes sostienen que este documento muestra la «alianza» entre los EEUU y el Vaticano, curiosa interpretación de quienes siempre confundieron la paloma del Espíritu Santo con el águila calva estadounidense. Más seriamente pueden verse consecuencias sociales y éticas en SACHS, Jeffrey – SEN, Amartya – DASGUPTA, Partha Social and Ethical Aspects of Economics. Ciudad del Vaticano. Pontificio Consejo «Justicia y Paz». 1992.
34-PEREZ del VISO, Ignacio ¿Doctrina o mensaje social? en CIAS . Buenos Aires 42(1993)423 p.200
35-Seguiremos en el desarrollo de este punto MASON, Alfredo Cien años de cosas nuevas en Revista de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (1992)17
36-JUAN PABLO II Sollicitudo rei Socialis 3. 22
37-JUAN PABLO II Sollicitudo rei Socialis 3.21
38-JUAN PABLO II Centesimus Annus 3.23
39-JUAN PABLO II Centesimus Annus 4.32
40-JUAN PABLO II Centesimus Annus 6.58
41-JUAN PABLO II Centesimus Annus 4.33
42-JUAN PABLO II Centesimus Annus 4.34
43-JUAN PABLO II Centesimus Annus 4.35
44-JUAN PABLO II Centesimus Annus 3.28
45-JUAN PABLO II Centesimus Annus 4.40
46-JUAN PABLO II Sollicitudo rei Socialis 2.9
47-JUAN PABLO II Sollicitudo rei Socialis 4.27
48-JUAN PABLO II Familiaris Consortio 6
49-JUAN PABLO II Centesimus Annus 2.13
50-JUAN PABLO II Sollicitudo rei Socialis 5.38-39
51-UAN PABLO II La unidad originaria del hombre en L’Osservatore Romano (ed. en castellano) 9(1979)568 p.3
52-JUAN PABLO II Discurso a la XXXIV Asamblea General de la ONU en L’Osservatore Romano (ed. en castellano) 9 (1979)502 p.2
53-JUAN PABLO II Alocución ante la XIII Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión «Justicia y Paz» en L’Osservatore Romano (ed. en castellano) 12(1980)578 p. 3
54-FERNÁNDEZ TISCORNIA, Nelly op. cit. 60-61
55-MASON, Alfredo 24 de marzo de 1976: reflexiones a casi 30 años en http://www.bitacoraglobal.com.ar/ textos/autor/E_Mason_76.pdf 2005.

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