Análisis de la crisis 2008:Las penas son de nosotros, las vaquitas (la soja, el girasol…) son ajenas.

Esta es, sin lugar a dudas la crisis más seria posterior al 2001. El análisis de esta situación no es sencillo, porque se trata de una crisis que desde el punto de vista económico está determinada por la abundancia y desde el punto de vista político, por la aparición de un factor de poder que, lejos de operar como tradicionalmente lo hacía, busca legitimar su situación atrayendo sobre sí y conduciendo la oposición al Gobierno. En el acto organizado el 15 de julio por los ruralistas se pudo comprobar que Eduardo Buzzi es un político y un armador que no hay que subestimar. De hecho logró que la resolución 125 del Ministerio de Economía desapareciera. 

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, ha planteado la necesidad de reflexionar sobre lo ocurrido durante la crisis reciente y hacer las autocríticas que correspondan.

¿Hablar de autocrítica es pensar en errores? El objetivo de ir conformando una política agropecuaria que permita aprovechar al máximo la oportunidad que el mercado internacional nos plantea con su necesidad de alimentos, la redistribución de la riqueza y el cuidado de la calidad de vida de los argentinos, no son errores. El pedido de autocrítica está centrado en buscar los medios más eficientes para lograr esas metas. 

En ese camino, debemos reconocer que se ha fortalece el país, las instituciones, honrando su responsabilidad en el marco del funcionamiento de nuestra Constitución. Además, es necesario desdramatizar un poco porque cosas como éstas ocurren en otras democracias, sucedió en Brasil cuando el presidente Luiz Inácio da Silva envió un proyecto de ley y se lo rechazó el Parlamento. Aquí muchos pensaron que el Congreso era una trampa, como un paso por una escribanía en la que el Gobierno impondría su voluntad sin dificultades, pero allí hubo debate y todos pudieron verlo. Se vieron las instituciones funcionando a pleno.

 

Había mucha gente angustiada que realmente vivía esto con particular preocupación, en la calle se escuchaba el reclamo: ¿otra vez, caemos? Y esto sí es un error. No estamos en una mala situación. En la última semana el gobierno chino ha dicho que tienen una alianza estratégica con nuestro país y la India requiere más alimento argentino, téngase en cuenta que son los dos mercados más grandes y codiciados del mundo. Es fundamental entonces que reflexionemos sin renegar contra lo que pasó. Dicen que con la realidad se puede hacer cualquier cosa, menos pelearse con ella, pero tampoco es la que los medios de comunicación nos muestran.

 

LA SITUACION ECONOMICA

 

El 11 de marzo, a pocos días de empezarse a levantar la cosecha de soja, el Gobierno anuncia un cambio en la política agropecuaria, cuyo eje son las retenciones móviles a la exportación de esa oleaginosa. Se inicia aquí una puja de intereses.

 

Las retenciones son un tributo que el estado nacional cobra a las empresas cuando venden algunos productos fuera del país. Los productos que más pagan son la soja, el trigo, el maíz, el petróleo y bienes que se producen a partir de éstos: aceites y combustibles. Las retenciones más elevadas son a la soja y el petróleo. Así, cuando una empresa exporta por 100 dólares de soja, si las retenciones son del 40%, debe pagar al estado 40 dólares.

 

En forma permanente la televisión, la radio y los diarios insisten en la preocupación por los pequeños productores. ¿No es mucho cobrarles el 40%? En primer lugar, en el negocio de la soja no hay sólo pequeños productores. Por ejemplo, hay 5 empresas exportadoras que compran toda la producción del país y la venden al exterior[1].

 

La soja en números

Exportaciones por empresa En toneladas y porcentaje sobre mercado total

Empresa

1998

%

2002

%

2007

%

Cargill

592.950

19

1.321.076

21

2.329.058

20

Noble Argentina

 

0

355.450

6

1.499.346

13

ADM Argentina

 

0

704.778

11

1.488.907

13

Nidera

 

0

513.163

8

1.462.194

13

Bunge Argentina

 

0

389.980

6

1.453.704

13

Dreyfus

56.758

2

417.191

7

1.195.605

10

Toepfer

72.717

2

996.934

16

903.204

8

Asoc. Coop. Argentinas

304.116

10

500.879

8

659.194

6

La Plata Cereal

23.202

1

541.547

9

0

0

Prod. Sudamericanos

1.310.053

41

14.721

0

0

0

Principales empresas exportadoras

Hay también grandes propietarios que tienen miles de hectáreas[2]. Hay 2 grandes empresas multinacionales que venden semillas, fertilizantes y herbicidas a los productores. Hay grandes empresas productoras que alquilan los campos, las máquinas y producen millones de toneladas. Los pequeños productores son sólo una parte muy chica del negocio de la soja, dentro de los cuales es necesario distinguir a aquellos que son verdaderamente «productores» de aquellos que arriendan sus campos a los pool de siembra, los que conforman un sector «rentista-no productivo» .

 

De toda la tierra del país que se utiliza para la agricultura y la ganadería, el 80% (8 de cada 10) son emprendimientos de más de mil hectáreas, aunque no todas tienen la misma capacidad de rendimiento[3], pero es necesario comprender que lo que llaman «el campo» son principalmente empresas que cultivan más de 1.000 hectáreas. Las retenciones de soja afectan a estos grandes empresarios y no sólo a los pequeños productores. Seamos claros, de cada 100 productores que salieron a la ruta, 95 son pequeños y medianos pero que solo producen el 30%, mientras que los otros 5 producen el 70% de la soja.

 

Volviendo a los pequeños productores -150 hectáreas o equivalente, cuyo valor oscila entre los ochocientos mil y un millón de dólares- podríamos preguntarnos ¿no está mal que a ellos también les cobren el 40% de retenciones? Tengamos en cuenta que aún con esas retenciones, a un chacarero le queda después de una cosecha, un neto de 120.000 pesos, o sea un «sueldo» de 10.000 pesos por mes. Es de notar que algunos productores, aun a riesgo de destruir la fertilidad de sus campos hacen dos cosechas de soja al año[4].

 

El aumento de la producción de soja

Pero además, el gobierno les ofrece devolverles parte de la plata de las retenciones a los pequeños productores y a los que trabajan tierras más alejadas de los lugares de venta. Con estas compensaciones estarían recibiendo más de lo que recibían antes de comenzar con las protestas. Pero entonces ¿Por qué se quejan? ¿Será por qué el gobierno esperó a que siembren para anunciar que les aumentaba las retenciones? ¿Esperaban ganar todavía más? No. Cuando sembraron, la ganancia bruta por hectárea era de entre 1.400 y 1.000 pesos. Ahora, con las retenciones más altas es de entre 1.600 y 1.200. Es decir que están ganando más de lo que esperaban cuando sembraron. ¿Pero cómo puede ser si el gobierno aumentó las retenciones? Es que el precio de la soja aumentó mucho más que las retenciones. Pasó de 350 dólares la tonelada a más o menos 570 dólares.

 

Los costos del "neg"ocio

Todo indicaría que esto no es un mal negocio. A tal punto que en los últimos años, cada vez más productores pequeños y medianos se inclinaron por la soja, desestimando otros cultivos, la ganadería y la lechería. De más de 50 millones de vacunos en 1993 ya hay alrededor de 47 millones y es una tendencia que no se logra retrotraer.

 

 

Uno de los elementos más notorios de la rentabilidad que el campo viene teniendo a partir del cultivo -particularmente- de soja lo da la evolución de la industria metalmecánica ligada al agro y la cantidad de hectáreas hipotecadas.

 

los sectores sojeros en la república

 

La industria productora de maquinaria agrícola -650 empresas que dan trabajo a 40.000 personas directa o indirectamente- alcanzó estándares internacionales en su calidad y tuvo un crecimiento notorio que se traduce en una facturación que va de los 30 millones de dólares en 2005 a más de 200 millones de dólares en el 2007. Por su parte, en el 2003 había 14 millones de hectáreas hipotecadas, en el 2008 hay 4 millones, los productores morosos eran  48.000 y hoy son 6.750.

 

       

¿Cuál es el motivo de las retenciones? Nada mejor que un ejemplo, como decía Napoleón. Una empresa produce aceite y puede venderlo a China a 2 u$s el litro, por lo que la empresa recibe seis pesos por cada litro de aceite que le vende a los chinos. Imaginemos que no hay retenciones. ¿Cuánto tendremos que pagarle a la empresa para que nos venda un litro de aceite a nosotros? Si le ofrecemos menos de seis pesos, la empresa prefiere su cliente chino. Entonces el aceite costará en Argentina seis pesos, igual que en China. El argentino que no tenga los seis pesos no tiene aceite.

 

¿Qué pasa si el estado nacional decide cobrar retenciones del 50% a la exportación de aceite? El estado recibe 1 u$s por retenciones y la empresa recibe el otro, o sea, 3 pesos y el cliente argentino puede pagar el litro de aceite también a 3 pesos. De esta manera, gracias a las retenciones del 50% los argentinos pagamos el aceite que producimos en Argentina a la mitad de lo que cuesta fuera del país.

 

Pasemos a un ejemplo real. El aceite de girasol “Cañuelas” cuesta en el supermercado Disco de Buenos Aires 4,02 pesos el litro; el mismo aceite en el supermercado Devoto de Montevideo cuesta 11,01 pesos argentinos (diferencia 174%). La harina tipo 000 marca “Cañuelas” en Disco-Buenos Aires 1,17 pesos, en Devoto-Montevideo 3,76 pesos argentinos (diferencia 222%). Cereales con fruta seca marca “Nestum”, Coto-Buenos Aires 22 pesos el kilo, en Devoto-Montevideo 44,35 pesos argentinos (diferencia 102%). Los productos argentinos que si tienen retenciones cuestan en Uruguay un promedio de 149% más que en Argentina.

 

Pero, ¿si los argentinos no comemos soja, de qué nos sirve que le cobren retenciones?

 

Las retenciones a la exportación de soja nos benefician a todos porque cuando un empresario decide sembrar soja está decidiendo no sembrar otros productos como maíz, trigo o bien dedicar las tierras a la ganadería. ¿Por qué siembra soja y no otros cultivos? Porque quiere ganar más plata, lo cual es lícito, pero alguien debe velar por el bienestar de todos, y ese es el Gobierno, que debe contemplar que van a subir el precio de los otros productos que se producen menos. Obviamente, ello lleva a un aumento del precio de los alimentos que se producen con ellos (pan, fideos, aceite, pollos, la carne y la leche)[5].

 

Con las retenciones, los empresarios ganan menos plata con la soja y entonces pueden sembrar más maíz o trigo, o usar sus tierras para la ganadería y ganar lo mismo. De esta manera no tendremos que pagar el precio de los demás productos a valores internacionales y los argentinos podremos comprar más barato el pan, los fideos, el aceite, la polenta, la carne y la leche.

 

De lo que estamos hablando es de aquello que se denomina «soberanía alimentaria»[6]. Su cuidado es obligación como política de estado, pues es el derecho de los argentinos de poder definir nuestro propio sistema de producción, distribución y consumo de alimentos.

 

Las retenciones, a su vez, representan el 4% en los ingresos al Tesoro Nacional que se corresponde con el superavit, o sea, que con ellas se contribuye al pago de la deuda pública y al sostén de un dólar que permite a los ruralistas ganar más.

 

También es importante ubicar y para eso está el mapa sojero, que se ha extendido la frontera agrícola, pero ha sido a costa de quemar montes de especies autóctonas y poner al borde la extinción a las especies animales que allí vivían. También esto modifica el clima, pero lo peor es que expulsan a los argentinos que habitaban esos montes, que terminan nutriendo los cinturones de pobreza y marginalidad de las grandes ciudades, esto es desarraigados y por no tener capacitación laboral para este medio, consiguen, en el mejor de los casos trabajo en la construcción, si no serán uno de los miles de cartoneros, o dependerán de la ayuda social.

 

¿Qué es lo que en el fondo está en discusión? El mundo ha ingresado en una era histórica de altos precios de los alimentos. Se estima que, en los próximos 10 años (2007-2017), habrá un incremento de 20% promedio en los precios de las carnes; de 30% en los del azúcar; de 40%/60% en el trigo, el maíz y la leche en polvo; de 60% en las oleaginosas y mantecas; y de 80% en los aceites vegetales.

 

un aumento sostenido

Estas estimaciones constituyen sólo un piso del nivel efectivo de los aumentos, que podrían ser netamente superiores, según señala el informe presentado esta semana en París por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico).

 

Estados Unidos tendrá en 2017 una cosecha de maíz de 500 millones de toneladas, una cifra superior a la demanda mundial del año pasado. De ese total, 40% se destinará a la producción de etanol. Significa que EEUU dedicará, para producir este bio-combustible, un porcentaje de su cosecha de maíz superior a su saldo exportable. La consecuencia es que -de acá a 2017- EEUU saldrá del mercado mundial como potencia maicera, y dejará un vació que sólo podrá ser cubierto por dos o tres países; uno de ellos es Argentina, que reafirmaría su estatus como el mayor centro mundial de producción aceitera y principal plataforma de envíos de aceites y granos de soja al mundo.

 

LA SITUACION POLITICA

 

Este conflicto marcado por el lock-out patronal realizado por los productores rurales (representados por la Sociedad Rural, CONINAGRO, CRA y la Federación Agraria Argentina) tiene consecuencias tanto económicas como políticas[7].

 

Con toda razón, el economista y periodista Alfredo Zaiat se preguntará qué pasaría si Telefónica y Telecom deciden cortar el servicio de telefonía porque consideran que su rentabilidad no es la adecuada y para restablecerlo exigen un aumento de tarifas. Edesur y Edenor informan que en reunión de directorio adoptaron una medida que afectará a los usuarios porque los dejaran sin luz ante la tozudez de un gobierno que no quiere subir las tarifas. Las empresas de colectivos, las grandes y las pequeñas, impulsan un lock-out ante lo que evalúan como una política oficial equivocada de no elevar el precio de los boletos. Las petroleras YPF, Shell, Esso y Petrobrás dejan de abastecer las estaciones de servicios para enviar el mensaje que quieren cobrar las naftas más caras. Empresas oligopólicas productoras de alimentos, como Molinos de Pérez Companc y Ledesma de Blaquier, interrumpen los envíos al mercado, porque están en contra de la intervención de la Secretaría de Comercio[8].

 

Este lock-out es presentado por la prensa a la luz del humor de la clase media que marca la sensibilidad de la sociedad mediática  Parecería que el grado de fragmentación es tan grande que para algunos no importa nada, salvo preservar la rentabilidad del capital o estar en contra del Gobierno. En este caso “nada” implica vaciar góndolas de supermercados y estantes de los almacenes. Una vez más resuena la vieja canción que cantara Atahualpa Yupanqui: las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas. También es cierto que al emprender una acción de este tipo entramos en el terreno de la disputa política. Los neoliberales suelen decir esto de cada paro o huelga de los trabajadores, el caso es que ninguna huelga volteó un gobierno mientras que el lock-out de febrero de 1976 favoreció la desestabilización del gobierno constitucional[9].

 

Haciendo una lectura política, entonces, de estos hechos, encontramos que los chacareros descubren que se puede articular alrededor de ellos un movimiento funcional que es de oposición y desde lo que podríamos llamar la derecha, donde juegan con un elemento del imaginario social que asocia la Patria a la tenencia de la tierra y así, se reconocen los valores culturales de este sector bajo la forma del mito del interior oprimido. A partir de ello enfrentan un Gobierno que no tiene oposición, pero ya no necesitan de un partido militar como en 1976. La oposición serán ellos.

 

Pero hay un segundo tema que se ha hecho presente desde el 2001 en nuestro país, y aquí ha mostrado su falta de resolución. La acción directa, que podría justificarse en momentos de excepción,  aparece como el único modo de actuar, lo cual socava el orden institucional y el sistema democrático. Está claro que en este «armado político», ese es el papel de De Angelis[10], el del patotero que busca dar la imagen de los criollos de los almanaques que dibujara Molina Campos para Alpargatas, pero el que articula ideológicamente y tiene capacidad de conducción -tal como dijimos- es Buzzi, que se los está llevando a todos al hombro.

 

Sí han sido capaces de caracterizar a la dirigencia política que se les acercó, por eso no les permitieron subirse al tractor. Si quieren acompañar, que sea a pie, como uno más y por el surco.

 

Hay también hipocresía cuando los sociólogos, historiadores, politólogos y periodistas reflexionan sobre esta crisis realizando una lectura dispar, así le otorgan un carácter absolutamente negativo a las declaraciones o actitudes de D’Elía -que las tiene- pero ignoran o minimizan la provocación realizada por Hugo Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina, al hablar de piquete blanco y piquete negro; o los insultos de gran calibre que profirieron los “cacerolos” de Olivos[11].

 

Por su parte, según nuestro criterio, el Gobierno comete cinco errores:

 

  1. No encuadra la medida en una política agropecuaria que permitiría obtener un mayor grado de consenso del sector[12].
  2. No toma en cuenta las críticas previas que le hubieran permitido matizar la medida. En otras palabras, que aparezca como producto de una negociación.
  3. No explica al conjunto de la población las decisiones tomadas, especialmente por la trascendencia de las mismas[13].
  4. Concibe la cuestión como un enfrentamiento, por lo que toda negociación aparece como derrota y desgasta por medio de las sucesivas movilizaciones a la propia gente.
  5. Subestimar la fuerza y capacidad política y de maniobra de los ruralistas.

 

Un funcionario puede equivocarse y crece en confiabilidad cuando es capaz de reconocerlo y rectificar el rumbo, lo que no puede hacer es colocarse como parte de un conflicto de intereses.

 

Esta tendencia a concebir la gestión gubernamental bajo la forma de: al que le gusta bien y al que no también, ha demostrado ser el mejor y más acabado camino para terminar derrotado. Si no fuera tan grave podríamos ironizar con que se aplica un estilo japonés: ¡Banzai! Y a lo kamikaze ¡Retenciones o muerte!

 

Hasta San Martín enfrentó una Cancha Rayada, por eso creo que en lugar de plantear fugas del escenario, se hace cada vez más necesario la aplicación de políticas de estado, que solo pueden ser planteadas mediante un diálogo civilizado que vaya construyendo un consenso que permita avanzar en el aprovechamiento de las circunstancias que el mercado internacional nos brinda en estos días.

 

Por eso, de cara a nuestro pueblo, los gobernantes y los dirigentes rurales deberán honrar la responsabilidad institucional compartida fortaleciendo la democracia. De allí la importancia de poder  rápidamente volver a poner las cosas en su lugar: los tractores en el campo ayudando a producir la transformación de nuestra vida social y económica, desarrollando todo su potencial junto al sector industrial. Para que el Gobierno nacional, con las provincias y con los municipios puedan seguir avanzando en una agenda de desarrollo y progreso. Porque la mejor política social es generar puestos de trabajo… y esto incluye el ragalo de 100 vacas de parte de Luciano Miguens (SRA) a Castells.

 

Puede pensarse, de hecho creemos que se lo hace, que no importa tanto la reacción de los «cacerolos», pues es condición necesaria que el Conurbano este tranquilo, para no alterar la gobernabilidad. Nos parece que hay una apreciación equivocada. Kirchner en tres meses sufrió un «esmerilamiento» de su poder continuo que se manifestó en sucesivas negativas. No del PJ que ya se dividió, no de la CGT que hizo otro tanto, no del Congreso que también se le sublevó, no de la economía que muestra inflación y aumento de precios básicos y, finalmente, no del vicepresidente y marcha atrás en el Senado de la propuesta. Existe una pérdida de confianza que puede arrastrar al único aparato político con que hoy cuenta nuestro país: el Justicialismo.

 

Es cierto que la demanda creciente de alimentos de la cual hablamos requiere de un estado articulador, que cuide el equilibrio social y económico respecto de la concentración del ingreso en los sectores de mayores recursos que se apropian de cerca del 50% de la renta. Ello es lo que está en discusión pero es necesario para resolver tal cuestión una política de acuerdo social y fortalecimiento de las instituciones democráticas.

 

No se puede para defender una posición justa poner en peligro el interés del conjunto. Se puede ganar una votación en el Congreso, pero como se gobierna con la oposición del principal sector productor, movilizado, pero que en a pesar de heterogeneidad se agrupa para estar «en contra», dando la oportunidad de constitución de una nueva «Alianza».

 

El mundo está mirando la capacidad que tengamos de superar este tipo de situaciones, para hacer un país cada día más confiable, donde lleguen inversiones y podamos seguir avanzando de cara al Bicentenario, en una Nación cada día más integrada entre el campo, la industria, el sector financiero, donde el estado, a través de la unión del sector público y privado, sea un socio estratégico y no un contrapeso para impulsar la economía, ganar mercados internos y externos y lograr que los argentinos todos, tengan una mejor calidad de vida.

 

Perón decía en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, ¡Argentina es el hogar! Hay que dejar atrás los desencuentros, los conflictos y cuidar nuestra Argentina.

 

 

 

Alfredo Mason - Lic. en Filosofia y Letras

Referencias


[1] El mercado exportador de soja, suma a su elevada concentración el hecho de que muchas de las firmas que lo integran son a la vez las grandes transnacionales que controlan el mercado mundial. Es difícil saber la magnitud exacta de firmas como Cargill, ya que no cotiza en bolsa y sus balances son privados. El hecho de poseer el 20% del mercado exportador argentino y la multitud de plazas donde opera, nos permiten inferir que su producto es similar al de un país de desarrollo medio.

[2]Para tratar de comprender a que nos referimos aquí, citaremos solo un caso, aclarando que no es el único: el holding Werthein posee 100.000 hectáreas de campos en los que producen anualmente 40.000 toneladas de granos, 45.000 cabezas de ganado vacuno y una planta procesadora de frutas en la localidad de Cipolletti (Río Negro). En la misma línea los estados contables de la firma detallan que en la campaña pasada sembró 15.741 hectáreas en las que cosechó un total de 34.400 toneladas de granos y 55.200 toneladas de picado para silo de maíz y sorgo que fueron utilizados para el engorde de ganado. Las previsiones para esta campaña eran sembrar alrededor de 20.000 hectáreas. Revista El Federal 3.7.2008.

[3] Quede claro que en todos los casos estamos hablando de tierras productivas.

[4] Téngase en cuenta que si estos son los rindes de un campo de 150 hectáreas, donde los gastos fijos son, proporcionalmente, más caro que los de una gran extensión, pues la semilla, el gasoil y el cosechero tiene un precio superior, es imaginable el tamaño del negocio para el resto. El combustible se compra al por mayor, la semilla tiene un descuento del 18% en Profertil y se realizan licitaciones para contratar cosecheros.

[5] Un ejemplo de esto se puedo entrever cuando los chacareros cortaron las rutas impidiendo el paso de camiones con alimentos y los precios a que remontaron éstos.

[6] Doce mitos sobre el hambre (Barcelona, Icaria, 2006) de Francis Moore Lappé, Joseph Collins y Peter Rosset, son ellos quienes elaboran este concepto.

[7] Luiz Carlos Bresser Pereira (Director de la Escuela de Administración de Empresas de San Pablo y miembro de la Fundación Getulio Vargas) sostiene que el gobierno argentino está enfrentando hace tres meses una batalla decisiva no sólo para su propio desarrollo económico sino también para el de todos los países latinoamericanos que aún no comprenden que no neutralizar la enfermedad holandesa (reevaluación súbita de la moneda nacional) es el más serio obstáculo económico que enfrenta. Las retenciones móviles a las exportaciones existentes en la Argentina son el secreto que se esconde detrás del 8,8% de crecimiento entre 2003 y 2007.  Al impedir la sobrevaluación del peso, el gobierno argentino garantiza, por un lado, la ganancia de los agricultores y, por el otro, la demanda agregada para inversiones volcadas a la producción de bienes comercializables (que pueden ser exportados o importados) y así la economía crece aceleradamente. Los agricultores argentinos, victima de una ilusión, rechazan el aumento de la retención sobre la soja al 44% pensando que los que pagan son ellos. No es así. Si el gobierno eliminase las retenciones de ese y el resto de los bienes que dan origen a la enfermedad holandesa, el mercado provocará la apreciación del tipo de cambio en la proporción exacta de la retención eliminada y el agricultor no ganará nada, lo que recibe quedará igual a lo que tenía con la retención. Si el gobierno de Cristina Kirchner venciere en esta batalla, no solo estará defendiendo el interés nacional de la Argentina.  También estará abriendo un camino para que los países latinoamericanos y africanos comiencen a reconocer racionalmente la existencia de esa terrible falla del mercado (la enfermedad holandesa) y a neutralizarla. Folha de Sâo Paulo 16.6.2008.

[8] Página 12  26.03.2008

[9] Véase MASON, Alfredo Sindicalismo y dictadura: una historia poco contada. Buenos Aires. Biblos. 2007

[10] Es interesante ver la relación entre De Angelis y su Chacareros Federados, corriente interna de la FAA ligada al Partido Comunista Revolucionario, que se presenta como un pobre chacarero, pero calla que se embolsa cien mil pesos por semestre.

[11] En esto hay que reconocer que hay mucha tilinguería que cacelorea con Essen para expresar fundamentalmente su condición de gorila.

[12] Hay que recordar que a fines del año pasado la FAA había acercado la propuesta de retenciones segmentadas, con alícuotas de 50% para los establecimientos sojeros de más de 1.000 hectáreas y de entre 15% y 20% para los de menor tamaño. El esquema redundaba en una recaudación adicional de 300 millones de dólares frente a la alícuota generalizada del 35%, previa al último aumento.

[13] Es histórico en Argentina el poseer desconfianza respecto de que se hace con los dineros fiscales, especialmente alimentado por los evasores impositivos y los malos funcionarios. Pero no es cierto que no se pueda hablar de redistribución de la riqueza. Que el transporte oscile entre 0.90 y 1.25 o los 0.65 del tren para que los trabajadores puedan movilizarse, los estudiantes, los empleados es una forma de redistribución de la riqueza; que el gasoil esté notoriamente más barato que en los países vecinos obedece a una política de redistribución. Que el precio de la carne, de la leche, la electricidad (0.81 pesos el kWh), el gas (0.14 pesos el metro cúbico), el teléfono de línea (1.77 pesos el minuto, promedio de llamadas urbanas) no tengan valores internacionales son elementos de una política de redistribución.  También está el costo de las refinanciaciones a tasas especiales que los bancos del estado dieran  para saldar las deudas de hipotecas de campos.

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