Una refundación identitaria

Según la nueva constitución de Bolivia, que fue aprobada tras 17 horas de “intensos debates” a fines de 2007, habrá un nuevo marco jurídico institucional. El texto todavía debe promulgarse. Se establece una marcada división entre el Estado y la Iglesia Católica, dado que en su artículo 4 se indica que “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”.

Por otro lado, hay algo llamativo. La nueva Constitución deja concretado que Bolivia deja de ser una República Unitaria para convertirse en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario. “Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal”, reza el preámbulo neoconstitucional, dejando entrever una concepción peyorativa de la res publica, de lo público.

La plurinacionalidad deviene de concebir a los pueblos indígenas, como auténticas naciones, aludiendo especialmente al campesinado. En cuanto a los sectores urbanos, según el artículo 3 de la nueva constitución, son ocupados por clases sociales. Por lo que la bolivianidad se construiría a través de la suma de las comunidades originarias y las clases sociales urbanas.  

El idioma; otro problema.  El nuevo estado oficializa no solo el castellano, sino además otras 36 lenguas autóctonas. ¿Cuál es la fórmula para dar algo de unidad a semejante heterogeneidad? Tanto el gobierno plurinacional, como los departamentos deben hacer uso oficial de dos idiomas. Uno de ellos debe ser siempre el castellano, el otro queda a elección de las distintas comunidades.

En medio de esta dialéctica constitutiva de un nuevo Estado, desde diciembre de 2006 se estuvieron dando multitudinarios cabildos para exigir las autonomías departamentales de: la poderosa industrial, comercial y financiera de Santa Cruz, la amazónica Pando, la ganadera Beni y la gasífera Tarija. En Santa Cruz el “sí” por la autonomía obtuvo el 71%, en el Beni el 74%, en Tarija el 61% y en Pando el 58%. Sin embargo, en otras cinco regiones (La Paz, Cochabambamba, Chuquisaca, Oruro y Potosí) la pregunta fue respondida negativamente. Estas cinco regiones, representan la medialuna occidental, que concentra la actividad minera. Dicho sector, obtuvo en el primer trimestre de este año un aumento del 61,7 por ciento (433 millones de dólares) en sus exportaciones, impulsado principalmente por el aumento de los precios internacionales del zinc, estaño, plata, plomo y el cobre.

¿Qué es lo que sucede de fondo en Bolivia? Desde el trabajo de Fernando Mayorga “El gobierno de Evo Morales: entre nacionalismo e indigenismo”, se plantea que existe una refundación, que será la resultante del conflicto entre  la idea de comunidad nacional y la de intersubjetividad que promueve la nueva constitución. En medio de la ola autonomista y de las acusaciones de golpismo; lo cierto es que tanto Morales como las autoridades de las regiones rebeladas, se necesitan mutuamente. Morales para poder lograr de una vez por todas la aprobación y promulgación de la nueva constitución, que entre otras cosas, le permitiría gobernar -haciendo uso de las reelecciones- hasta 2018. Esto si se habilita su reelección inmediata.

Las autoridades de la medialuna oriental, la autodenominada CONALDE – Consejo Nacional Democrático- también requieren la aprobación constitucional, para que sus estatutos no sean meros papeles al aire, y puedan institucionalizarse.

El artículo 271 de la nueva constitución estipula los principios de ordenamiento territorial y del sistema de descentralización y autonomías: “son la unidad, solidaridad, bien común, autogobierno, igualdad, reciprocidad, subsidiariedad, gradualidad, participación y control social, provisión de recursos económicos, y preexistencia de las naciones y pueblos indígena originario campesinos”. ¿Podrá el gobierno de Morales darse cuenta que en Bolivia también hay un “pueblo” o una “nación” que no es originaria? ¿Sabrá también que existen dirigentes indígenas como la quechua Sabina Cuellar, hoy prefecta interina de Chuquisaca, que también pelea por la autonomía?

El desafío para los bolivianos, es no caer en el esclavismo capitalista de antaño, ni en el totalitarismo indigenista, basado paradójicamente en leyendas negras surgidas de la Pérfida Albión. Se debe consensuar, y erigir un nuevo estado para todos. Tal como lo pensaron los criollos que hicieron grande a la patria del Altiplano.

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